Los invasores




Realmente no sabías cuándo habían aparecido ni quiénes eran, pero acababas acostumbrándote a su presencia. Lo que sí conocías era la razón por la que estaban allí: las chicas del pueblo. Solían venir en grupos más o menos numerosos, pedaleando en bicicleta, caminando largas horas, en los coches de sus padres o sobre rugientes motos como jinetes de un apocalipsis que no acababa de arribar. Sus ropajes cambiaban según la época, de los pantalones de campana, gafas de sol enormes y jerseys anudados a la cintura pasaron a los vaqueros ajustados, camisetas de acid house y gafas de sol de fiestero. Sus peinados, gustos musicales y aficiones también variaron, pero algunos les seguíamos observando con cierta desconfianza.

Cuando pienso en esos visitantes, no puedo evitar acordarme de la canción de “Los Toreros Muertos”, “Los niños de colores”:

“Lo estábamos pasando tan bien 
en aquella fiesta en el chalet. 
Éramos el centro de atención, 
éramos los hijos del director. 
La pista era nuestra y también la despensa. 
Hasta que entraron por la puerta los niños de colores...”

Y así ocurría, venían de otros pueblos vecinos, Sepúlveda -la legión de Las Lanzas-, Duruelo -los chicos de las motos-, o Sotillo -la horda de los futbolistas-, y se hacían rápidamente con el pueblo. Daba igual de dónde procedieran, se llevaban a las chicas, nos ganaban al frontón, salvo al Rey, claro, y yo seguía sin comprender cuál era su secreto, ese encanto especial que les hacía atractivos hasta decir basta.

Después de mucho pensar, tras haber madurado, lo justo, claro, y con la experiencia que otorgan las diferentes experiencias vividas a lo largo de los años, creo que el secreto de aquellos invasores residía fundamentalmente en proceder de otros lugares, en aportar algo nuevo a un lugar donde ya todo estaba muy visto y vivido y en dotar de frescura a un lugar o a una estructura social que, de otra manera, se hubiese tornado un tanto rancia.

Ahora ya no hay invasores como los de antes. Ahora ya no sufrimos invasiones de “chicos de colores con chaquetas azules”, pero quizá vuelvan. Nunca se sabe.




9 comentarios:

  1. jajajajaja,genial!!!!! Ya se sabe que el rey es el rey, qué se la va hacer!!!!!!!
    Muy buenos tus relatos David!!!!

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  2. Hay que mezclar las sangres, la endogamia es letal para las comunidades aisladas :-)

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  3. Que bueno..... David ..... que recuerdos tan bonitos.......

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  4. Genial David, sigue así..

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  5. q bueno!! los invasores volverán, no lo dudes ;-)

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  6. q bueno!! los invasores volverán, no lo dudes ;-)

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  7. la fama de las mozas de Vellosillo traspasaba las fronteras

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  8. Gracias. La mezcla suele dar resultados sorprendentes y, en ocasiones, realmente atractivos.

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