Milpies (Diplopoda)




Los diplópodos (Diplopoda, del griego δι di, «dos», πλό plo, «multiplicar por» y ποδος podos, «pies») son una clase de miriápodos conocidos comúnmente como milpiés, aunque el número máximo de patas no supera las 750, y la mayoría tienen menos de 200; aun así, ningún otro animal posee tantas.  Se conocen más de 12.000 especies, siendo uno de los grupos más diversos de organismos terrestres.

Aunque en ocasiones se les confunda con sus parientes los ciempiés o escolopendras, pertenecen a clases distintas. Se diferencian de ellos, principalmente, en que casi todos los segmentos del tronco llevan dos pares de patas, mientras que los ciempiés solo tienen un par por segmento.

Tienen el cuerpo dividido en dos regiones, la cabeza y el tronco. La cabeza posee un par de cortas antenas, ojos compuestos y las piezas bucales, estando las mandíbulas muy modificadas como instrumentos excavadores en algunas especies. El tronco posee muchos segmentos y la mayoría llevan dos pares de patas (de donde deriva su nombre científico), excepto el primero y el último, que no tienen, y el segundo, tercero y cuarto, que solo llevan un par de patas cada uno. La duplicidad de las patas es consecuencia de la fusión de dos segmentos consecutivos en uno solo, de modo que se puede hablar de diplosegmentos en vez de segmentos.

A diferencia de los ciempiés (quilópodos), carecen de aparato inoculador de veneno, pero muchos diplópodos tienen una hilera de glándulas en los costados que segregan sustancias químicas pestilentes e irritantes cuando son molestados, que pueden producir erupciones en la piel humana; ello puede ir acompañado de actitudes defensivas, tales como enroscarse en forma de bola o espiral. No pican, sólo liberan pequeñas cantidades de cianuro, pero apenas la centésima parte como para matar a un humano, son fáciles de manipular y al contacto solo las personas más sensibles a este químico sufren de enrojecimiento e irritación en la piel, de lo contrario no pasa de eso.

Los diplópodos huyen de la luz y prefieren los lugares cálidos y húmedos. La mayoría son grises o parduzcos, pero unas cuantas especies tropicales presentan vivos colores, como advertencia adicional para los depredadores.

Los milpiés se mueven lentamente, pero sus patas les proporcionan energía suficiente para escarbar entre las hojas caídas y remover el suelo, en busca de plantas blandas o en descomposición, de las que se alimentan. Los que viven en los bosques son importantes recicladores porque devuelven sustancias químicas al suelo para que las plantas vuelvan a utilizarlas. En los jardines y zonas urbanas, sin embargo, ciertas especies están consideradas como plaga.




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