Sepúlveda y los Comuneros



Durante el año que duró la Rebelión de los Comuneros entre 1520-1521, el Concejo de Sepúlveda mantuvo su ciudad neutral, a pesar de la continua insistencia de ambos bandos, realistas y comuneros,  para que  se sumara a sus filas.


monumento a Juan Bravo, jefe comunero de Segovia
Para complicar más las cosas al Concejo,  en el otoño de 1520, más de 1.000 jinetes de las llamadas "Guardas Viejas de Castilla" se instalaron en los alrededores de Sepúlveda,  al parecer repartidos en varias aldeas, quedando sus jefes alojados en la Villa.

Se trataba de parte de unas tropas de caballería magníficamente equipadas, creadas por los Reyes Católicos en 1493 con el fin de hacer frente a Francia, y que formaban el único ejército permanente y profesional  que existía en la época. En julio de 1520, tras haber conquistado a los musulmanes la isla de los Gelves (en Dyerba-Túnez), habían desembarcado en Cartagena y se dirigían a Valladolid.

En agosto de 1520,  recibieron la orden del cardenal Adriano de Utrecht de que “con la gente darmas que trahe consigo socorriese el castillo de Madrid”, que estaba cercado por los comuneros, pero quizás por la falta de paga de la tropa, Diego de Vera, su capitán, no hizo caso y continuó su camino a Valladolid. Cruzó por Somosierra en dirección a Aranda, evitando la Tierra de Segovia, entonces foco de la rebelión, y en el trayecto, quizás en espera de recibir las soldadas de la tropa,  retuvo a sus Guardas durante unos meses en la neutral Sepúlveda.

jinetes de las Guardas Viejas de Castilla

Entonces comenzó el forcejeo entre Comuneros y Realistas por atraerse a esas tropas a su bando. El Concejo de Sepúlveda, por su parte, mantenía a duras penas su neutralidad bajo una fuerte coacción de ambos contendientes.

La revuelta comunera, se había iniciado unos meses antes. La cosa fue de mal en peor desde la muerte de Isabel I en 1504. La seguridad y estabilidad conseguida por Isabel I durante su reinado había desaparecido.

Había descontento por una serie de malas cosechas y aumento de impuestos a los campesinos. La zona que más sufría era la zona central de Castilla, como Valladolid, Toledo, Cuenca o  Segovia que se encontraba en desventaja frente a otras zonas periféricas más favorecidas por el comercio. Los gremios se quejaban del monopolio de la lana que ejercían ciudades como Burgos

Todos se volvieron entonces hacia el Estado para que ejerciera de árbitro pero este se encontraba en grave crisis. Se sucedieron los gobiernos de Felipe I el Hermoso , del Cardenal Cisneros y de Fernando el Católico. La heredera Juana, hija de Isabel, estaba incapacitada. Así que el heredero posible fue Carlos de Habsburgo.

Carlos I con 15 años, dos años antes de que llegara a España.
Cuando el joven príncipe don Carlos arribó en 1517 a la costa castellana de Tazones junto a Villaviciosa (Asturias), no fue recibido con la alegría de rigor. En España se sospechaba que estaba más interesado en ser nombrado Emperador alemán que en ser Rey de España. Carlos poco sabía del país de origen de su madre; y ni siquiera hablaba castellano. Se decía que sus ambiciosos ministros flamencos querían llenarse los bolsillos a costa de las arcas españolas, cosa a lo que no estaban dispuestas las Cortes. La primera visita para ver a su madre en Tordesillas fue fugaz y patética. La Reina madre apenas reconocía a Carlos después de más de diez años separados.

En las cortes de Valladolid de 1518, nobles y clérigos prestaron juramento al rey pero los Procuradores de las Ciudades con derecho a voto le presentaron un programa de reclamaciones exigiéndole el reconocimiento de la reina Juana, el respeto a las leyes y fueros castellanos, que aprendiese hablar castellano, que contrajese matrimonio, que no nombrase cargos públicos a los extranjeros, que no sacase dinero de Castilla sin consentimiento de las cortes…Pero, aunque Carlos I aceptó algunas propuestas no estaba dispuesto a ser controlado por sus súbditos

El nuevo rey defraudó. Su corte flamenca (de la actual Bélgica), comenzó a ocupar los puestos de poder castellanos, siendo el nombramiento más escandaloso para el pueblo, el de Guillermo de Croy, un joven belga de tan solo 20 años, como Arzobispo de Toledo, para suceder al gran Cardenal Cisneros.

En 1519 Carlos finalmente consiguió, a pesar de la oposición, que las cortes reunidas en la Coruña le autorizaran una enorme suma para pagar sus gastos en Alemania, donde consiguió ser nombrado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, según se supo; mediante sobornos a los príncipes electores alemanes con el oro de Castilla. En su ausencia dejó el gobierno de España a cargo del cardenal flamenco Adriano de Utrecht.

dominios de Carlos en Europa.
Tras la época de justicia y entendimiento del poder con las ciudades y el pueblo,  vivido en el largo reinado de los Reyes Católicos; el deterioro de la situación económica,  la ausencia de respuesta del poder ante los problemas y su actitud despótica ante leyes y costumbres castellanas que se habían mantenido durante siglos, provocaron la rebelión.  En mayo de 1.520, en Toledo una multitud se amotinó y se apoderó del gobierno local. Comenzó entonces a denominarse a la insurrección como Comunidad. El bajo clero arengaban a los toledanos a unirse contra el poder flamenco.

Comenzó a propagarse en varias ciudades la idea de destronar a Carlos I, y convertir a las ciudades castellanas en ciudades libres, o ciudades-estado soberanas similares a las italianas como Génova o Florencia. Y acudir a Tordesillas  para devolver a la reina Juana la Loca su poder. Con estas ideas, la situación pasaba de ser una protesta contra la presión fiscal a tomar el perfil de una revolución.

Hubo otras reivindicaciones. Como en Dueñas, cuando los vasallos del Conde de Buendía se sublevaron contra su señor. A este levantamiento le siguieron otros de similar carácter antiseñorial. Los comuneros se vieron entonces obligados a defender a los sublevados o a sus señores. Y se decidieron a favor de los sublevados, lo que provocó el alejamiento de los nobles (condes, duques o marqueses) de la causa comunera.

La rebelión se extendió a varias ciudades del centro de Castilla. En Segovia, se produjeron los sucesos más graves, cuando la milicia concejil, dirigida por Juan Bravo tomó la ciudad excepto el Alcázar y los amotinados asesinaron a dos funcionarios reales y al procurador que votó en las cortes a favor de conceder el dinero al monarca en nombre de la ciudad.

La situación se radicalizó  cuando el 10 de junio de 1520, el funcionario real Rodrigo Ronquillo recibió la orden de Adriano de Utrecht de marchar con tropas contra los insurrectos de Segovia. Ronquillo avanzó hacia Santa María la Real de Nieva y Zamarramala, pero fue rápidamente derrotado por las tropas segovianas de Juan Bravo y tuvo que refugiarse en Arévalo.

sitio de Segovia por las fuerzas realistas de Rodrigo Ronquillo

Entre las poblaciones a las que Segovia pidió ayuda en primer lugar, estaba Sepúlveda. En una carta del 22 de junio de 1520 le piden a Sepúlveda que defina “su voluntad y lo que cerca dello les paresce se debe hazer” Al parecer la respuesta de Sepúlveda fue ambigua o negativa. Segovia insistió de nuevo un mes después instándola a que la auxiliase y firmara una carta de hermandad con los comuneros. Esta vez consta que Sepúlveda se negó a unirse a ellos. 

Por su parte Ronquillo pidió ayuda igualmente a Sepúlveda, los segovianos alarmados escribieron el 19 de agosto a la Villa lamentando los rumores que corrían de que Sepúlveda se ponía al lado de Ronquillo. El Concejo de Sepúlveda escribió a ambos de forma diplomática, desmarcándose de cualquier bando.

En Segovia además, los ánimos estaban especialmente caldeados pues perduraba en el Concejo y el pueblo, el agravio provocado por una merced que concedió Isabel I en 1480 a Beatriz de Bobadilla, y a su marido Juan Cabrera en pago a sus excelentes servicios, por el que la reina les entregaba en propiedad a estos nobles,  un enorme territorio que pertenecía a la Comunidad de Villa y Tierra de Segovia, el llamado  sexmo de  Casarrubios y Valdemoro, situado al sur y al este de la actual provincia de Madrid, les nombraba Marqueses de Moya y además les entregaba la tenencia vitalicia del Alcazar de Segovia.
territorios segovianos en la actual provincia de Madrid, en el s XV
Los quiñoneros fueron una milicia de caballeros creada por la ciudad de Segovia
para proteger y repoblar el sur de la sierra de Guadarrama
sobre el 1300 ampliaron el territorio de Segovia hacia la actual provincia de Madrid.

La pérdida de estos sexmos provocó ya en 1480 una gran frustración y rabia en la ciudad:

“Nosotros, el concejo, justicia, regidores, caballeros, escuderos, oficiales y hombres buenos de la muy noble ciudad de Segovia, al tener noticia de que los reyes nos han tomado todo el sexmo de Valdemoro y gran parte del de Casarrubios, para darlo y hacer merced al mayordomo Andrés Cabrera y a doña Beatriz de Bobadilla, su mujer, en su muy gran servicio y con gran daño nuestro, contra las leyes de los reinos y contra las promesas y juramentos que nos tenían hechos en contrario, sin contar con nosotros, sin justa razón ni causa, y contra nuestra voluntad…. nos quejamos a Dios y a los Reyes y protestamos no consentirlo en tiempo alguno, sino buscar remedio contra ello y para ello alcanzaremos tiempo y lugar oportunos y pues el presente no podemos hacer más y por mayor muestra, señal y memoria de nuestra queja, agravio y protestación que públicamente hacemos, nos cubrimos de luto y otrosí cubrimos el pendón de la ciudad y quebramos esta tinaja y hacemos esta ahumada

Así se hizo en 1480: los Regidores de Segovia estrellaron contra el suelo una tinaja, mientras otros prendían fuego a un haz de pajas haciendo gran humareda, en señal de protesta. Y se inicio un litigio que duró 113 años entre Segovia y los Cabrera que se resolvería en la época de Felipe II, con la pérdida definitiva del territorio por la ciudad.

Segovia, la ciudad que siempre apoyó a Isabel, y donde esta fue coronada,  consideraba esa entrega de su territorio como una afrenta. Isabel en su testamento consciente de ello, dispuso que se devolviese el territorio a la ciudad, pero fue ya demasiado tarde, el rey Fernando no cumplió su última voluntad.


vista de Segovia
Con la rebelión comunera de 1520, los segovianos creyeron llegada la ocasión de vengarse y recuperar ese territorio de los Cabrera , situado en la actual provincia de Madrid. La milicia de Segovia invadió y saqueó las tierras de los Cabrera y arrasó sus castillos de Odón y Chinchón.

 “ Ya sabéis, señores, cómo en los tiempos pasados la serenísima Reina doña Isabel dio el Condado de Chinchón a la Marquesa de Moya, que se llamaba la Bobadilla, y esto no por más sino por ser muy grande privada; y la tierra que le dio era de tiempo inmemorable tierra de esta ciudad de Segovia, y, ahora estamos determinados de cobrar lo nuestro; porque, según nos dicen nuestros letrados, todo lo que se toma contra justicia, lícitamente se puede tomar por fuerza. Los hijos de la Bobadilla, no sólo tienen y mandan a nuestra tierra, más aún tienen en tenencia perpetua este Alcázar de Segovia, ….” Carta del concejo de Segovia, agosto de 1.520.

Se cometieron excesos en la lucha despiadada en que muchos descontentos con la nobleza se acogieron a la causa comunera; los segovianos lucharon por la defensa de la legitimidad de la reina Juana y por la defensa de la autonomía de la ciudad que los reyes anteriores habían jurado respetar. Los gritos de "viva la comunidad" "viva el rey" "mueran los malos ministros y extranjeros" o "mueran los comuneros" se confundían, pues dentro de una misma familia había distintas facciones.

Por ejemplo, La esposa de Juan Padilla, María Pacheco (llamada “La leona de Castilla”) pertenecía a la alta nobleza de los Villena, aliados de Carlos I; no obstante, tomó partido hasta las últimas consecuencias en Toledo por la defensa de las Comunidades, Tras la ejecución de su marido en Villalar, mantuvo seis meses Toledo en poder de los comuneros pero finalmente escapó exiliándose en Portugal.

María Pacheco, que dirigió la revuelta comunera en Toledo,
tras la ejecución de su esposo Juan Padilla en Villalar

Los Cabrera se hicieron fuertes en el Alcázar de Segovia y las fortalezas de Odón y Chinchón y se alinearon en la defensa de la causa imperial del rey Carlos.
En gran parte por esa razón, la ciudad de Segovia se declaró a favor de las Comunidades, uniéndose el factor de creciente resentimiento y odio enquistado contra la familia Cabrera, que ahora como alcaides del Alcázar se separaban de la ciudad de Segovia. Los segovianos estaban dispuestos a destruir su Alcázar si con ello conseguían expulsar al enemigo Cabrera. Llegaron a derribar las puertas de la muralla de San Juan y San Martín y la casa que poseían los Cabrera en la ciudad.

La élite de las ciudades fue la que dirigió la insurrección comunera, buscando ante todo mantener los fueros y privilegios de las ciudades (y los suyos propios), conseguidos en la Edad Media y amenazados ahora por las nuevas autoridades reales. Una élite urbana que estaba formada por muy pocos nobles pero si por muchos caballeros hidalgos, como Juan Bravo, (un primo de María Pacheco) y aunque natural de Atienza,  estaba unido a la ciudad al estar casado con María Coronel, la hija del regidor de Segovia, Abraham Seneor, un judío converso, perteneciente a una de las principales y más ricas familias segovianas.

Abraham Seneor, suegro de Juan Bravo, intercediendo ante
los Reyes Católicos para evitar la expulsión de los Judios.
Abraham se convirtio y fundó el linaje de los Coronel,
Una de las familias financieras más importantes de España.
Así como en Segovia hervia la rebelión,  El caso de Sepúlveda, en cambio,  era muy distinto. Sepúlveda había conseguido privilegios muy especiales de la princesa Isabel, en base al apoyo que le había prestado la ciudad en su pugna con Enrique IV. y los acuerdos que el Concejo de la Villa habia visto confirmados por la reina.

Así,  Sepúlveda estaba exenta de las rentas reales, y por este privilegio fiscal, la Villa no tenia que enviar un representante a las Cortes para votar y asumir los gastos de la corona, al contrario que el resto de ciudades castellanes de importancia. Por otra parte, la integridad del territorio de la Comunidad de Villa y Tierra, había sido respetada por los monarcas. La villa mantenía además su condición de realengo, por la que sólo daba cuentas al rey.

El objetivo de la Villa por tanto era mantener esta buena situación sin cambios. Y por ello el Concejo intentó en todo momento mantenerse al margen de la rebelión.

incendio de Medina del Campo por los realistas de Rodrigo  Ronquillo, 1520
En Septiembre de 1520, el incendio de Medina del Campo perpetrado por Ronquillo,  provocó el levantamiento de toda Castilla central, especialmente de ciudades que hasta ahora se habían mantenido al margen, como Valladolid.

El ejército comunero ocupó  Tordesillas, donde se encontraba recluida la reina Juana la Loca, La Junta de Comunidades se convocó allí, y a ella acudieron  representantes de las 14 ciudades sublevadas: Burgos, Soria, Segovia, Ávila, Valladolid, León, Salamanca, Zamora, Toro, toledo, Cuenca Guadalajara, Murcia y Madrid...

El 24 de septiembre, los comuneros se entrevistaron con la reina y expusieron los fines de la Junta de Comunidades. En ese momento culminó el proceso y se instauró el gobierno revolucionario en esas ciudades. Pero las esperanzas que se habían depositado sobre la reina Juana no fructificaron, ya que ésta se negaba a actuar en contra de su hijo. Además Burgos, a cambio de que se le concedieran sus reivindicaciones particulares se desligó de la causa y fue ocupada por las tropas realistas.


El Cardenal Adriano, consiguió acercar posturas con los nobles, a fin de convencerles de que sus intereses y los del rey eran los mismos. Los realistas paliaron la gran carencia de fondos que tenían con la ayuda financiera de Portugal y  de los banqueros castellanos, que vieron buenos indicios en el cambio de bando de Burgos. Durante octubre y noviembre de 1520, ambos bandos se dedicaron activamente a recaudar fondos, reclutar soldados y organizar a sus tropas.

Surgió  entonces el problema para los realistas de las continuas hostigaciones que venía realizando entonces el rey de Francia Francisco I en Navarra. Por ello pasó por Sepúlveda, Lope Hurtado de Mendoza para intentar llevarse las Guardas Viejas a Navarra y convencerles de que obedecieran al rey. La respuesta que obtuvo es que estaban en “gran necesidad” y que si no se les pagaba la soldada no conseguiría nada. Lope también trató de que Sepúlveda se sumara a la causa realista o al menos permaneciese neutral. Sepúlveda no se pronunció, ni siquiera ayudó a Don Lope con la logística para reclutar a las Guardas que acampaban en su territorio.
Finalmente, Lope Hurtado de Mendoza consiguió enviar dinero a la tropa y partió con parte de ella hacia la frontera francesa.

El 11 de octubre Pedro Girón, uno de los pocos jefes comuneros pertenecientes a la nobleza, también se trasladó a Sepúlveda enviado para intentar recoger a las tropas allí acampadas y a tratar de que la Villa se sumara a la rebelión. Girón llegó a Sepúlveda acompañado de “setenta lanzas y otros tantos escopeteros”. Sin embargo pese a esta coacción, no consiguió adhesiones claras del Concejo de Sepúlveda a su causa, y respecto a la tropa, se trataba de un problema económico. “las gentes de Guardas, se está pagando y en acabándose de hazer, que será de aquí a cuatro o cinco dias, partire con ella..). Una vez pagados, al parecer, a finales de ese mes,  sólo una parte de ellos marcharon con Girón y se unieron al ejército comunero.

El 15 de Octubre, Segovia vuelve a intentar que Sepulveda y su Tierra se sumen a la causa comunera y a tal fin envía a Gabriel de Villareal para informar al concejo de la villa de lo conveniente de firmar el tratado de unión y hermandad de la Junta de Comunidades. El mensajero dio su recado y partió, y Sepúlveda únicamente le prometió contestar.

Consumada la división de la “gente que truxo Diego Vera” (las Guardas), y su partida, parece que Sepulveda se desentendió del conflicto de las Comunidades, lo que no quiere decir que algún sepulvedano participara por su propia cuenta.

Tras la derrota en Tordesillas, el 5 de diciembre,  los comuneros comenzaron a reagruparse en Valladolid, e intensificaron el reclutamiento en las ciudades rebeldes. Los realistas teniendo que atender muchos frentes, necesitan desesperadamente reclutar hombre y dinero.

castillo de Torrelobatón

Así, a finales de febrero, En los dias en los que se produciá el asedio y la conquista del castillo de Torrelobaton por los comuneros. El  Conde de Haro, máxima autoridad del ejercito realista, envíó un mensajero a Sepulveda, a través  de los alcaides de las fortalezas de Pedraza y de Castilnovo, solicitando recursos al Concejo. Las reuniones se dilataron  y finalmente el Concejo de Sepúlveda redactó una respuesta negativa.

La Junta de Comunidades volvió a pedir ayuda a Sepúlveda durante el mes de marzo, la respuesta de la Villa fue igualmente negativa alegando “los muchos gastos necesarios que en la villa han ocurrido a causa de los enemigos de la república traen..”
Pendón de la  Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda

Poco antes de la definitiva derrota comunera en Villalar el 25 de abril, hubo dos cartas más de Segovia solicitando ayuda a Sepúlveda, para que tomara parte activa en la guerra. Sepúlveda contestó que ya tenía suficiente trabajo con no desatender su propia defensa. Segovia lamentó la respuesta: “Qysieramos mucho que la gente desa noble villa se juntara con la desta cybdat para que se manifestara el amor y amistad que entre nosotros ay y a de aver…”.  Sepúlveda respondió  asegurando a Segovia “la buena voluntad que tiene esta villa al servicio de las cosas de vustra merced y a su honra y properidad..”. Pero mantuvo su neutralidad.

Tras Villalar, Segovia se rindió a las tropas realistas y volvió a prestar lealtad al rey Carlos. Únicamente Madrid y Toledo, mantuvieron vivas sus comunidades durante un tiempo mayor. Sobre todo Toledo, de donde Maria Pacheco huyó ya a finales de octubre de 1.521.

batalla de Villalar 25 abril de 1521, supuso el fin del movimiento comunero

Carlos I volvió de Alemania el 16 de julio de 1522. El 1 de Noviembre promulgó desde Valladolid el Perdón General, que daba la amnistía a quienes habían participado en el movimiento comunero, excepto a los principales dirigentes. Se estima que fueron un total de cien los comuneros ajusticiados. A raíz de la ejecución del obispo Acuña, Carlos I fue excomulgado por la Iglesia. Las relaciones entre el emperador y el Vaticano sufrieron grandes altibajos que culminarían en el saqueo (saco) de Roma en 1527 tras lo que el Papa se vio obligado a reconciliarse con Carlos y coronarle emperador, en Bolonia en 1530.

Las consecuencias de la Guerra de las Comunidades fueron sobre todo la pérdida del poder político de las ciudades castellanas.  Los hidalgos  que componían los gobiernos de las ciudades (las Comunidades de Villa y Tierra medievales), quedaron definitivamente neutralizados frente a la triunfante monarquía autoritaria.

El  poder real indemnizó a la nobleza por los daños y pérdidas que sufrieron en la revuelta. Lo que se solucionó mediante un impuesto especial para toda la población de cada una de las ciudades del bando comunero. Tras un largo pleito de años, Segovia hubo de pagar unos 24 millones de maravedíes por los daños causados por su milicia en las propiedades de los Cabrera. Y perdió gran parte de los sexmos de la actual provincia de Madrid.
Las indemnizaciones mermaron las economías locales de las ciudades comuneras durante unos veinte años. La industria textil del centro de Castilla perdió todas sus oportunidades de convertirse en una industria dinámica.

casa del comunero Juan Bravo.  en Segovia
La nobleza se vio compensada por su apoyo al emperador, con cuyos intereses quedaba identificada estrechamente, pero quedando clara la subordinación de súbditos al monarca. Las Cortes de Toledo de 1538, últimas a las que el emperador convocó a la nobleza, sancionaron esa nueva forma de gobernar en la Corona de Castilla.

Carlos I

Respecto a Sepúlveda, en 1526, el emperador Carlos I donó la villa con todas sus rentas a su esposa, la emperatriz, Isabel de Portugal. Así se continuaba la tradición medieval de ceder la Villa de Sepulveda a un miembro de la familia real, siempre a la reina. Lo cual fue bien visto por los sepulvedanos que la acogieron como su señora natural, y con la que mantuvieron una correspondencia fluida.

la emperatriz Isabel de Portugal en 1548
Después, los privilegios y el territorio que la Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda fueron básicamente respetados, aunque se vendieron algunas partes de esta Comunidad para obtener recursos para las arcas reales:

Así,  Castroserna de Arriba y sus aldeas de Castroserna de Abajo, Ventosilla y Tejadilla fueron vendidas en 1559 para obtener fondos con qué sufragar una fracción de “la armada contra el turco“ (enviada a Lepanto). Las compró el hidalgo Gaspar Lopez de Durango por 1.170.000 maravedíes. Sus descendientes obtendrían el titulo de marqués de Castroserna en 1.689.

Duratón, fue eximida de la jurisdicción de Sepúlveda previo pago, al parecer por sus propios vecinos, de 510.000 maravedíes a las arcas reales, con lo cual Duratón se transformó en una villa independiente de Sepúlveda, según privilegio de Felipe II, de 1.564.

Otro caso fue el de Duruelo, Sotillo, Siguero y la Alameda, vendidas en 1.629 al caballero sepulvedano Francisco González de Proaño por 3.175 ducados.  Después, las aldeas serían heredadas por la familia Artacho.

iglesia de Duruelo

Cantalejo se vendió en 1640 al caballero Fernando de Ojeda por 1.690.000 maravedíes

Cerezo de Abajo y Mansilla se vendieron a Antonio Campuzano en 1689, por 2.087.000 maravedíes.


Con estas variaciones, la Comunidad de Villa y Tierra de Sepulveda se mantuvo siempre de realengo, la única villa de la provincia, junto a la de Segovia, hasta el siglo XIX, época en que las Comunidades de Villa y Tierra  desaparecieron y se formaron los municipios actuales.



(del artículo Sepúlveda y los Austrias: La Guerra de las Comunidades de Castilla. Margarita González Cristobal)

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