29 de agosto de 2010

Buscando al médico cuando no hay más remedio


Miguel Angel García con un burro. 1965
Nunca hubo llegó a haber médico en Vellosillo, pero si comadrona, que se encargaba de asistir los partos y curar heridas menores. La última comadrona en Vellosillo fue la tía Jacinta. El médico más cercano vivía en Perorrubio, al que había que avisar realizando una buena carrera cuando ocurría alguna urgencia. Las situaciones más graves se trataban en el hospital de Segovia.  En el siglo XX, más de una vez algún vellosillano ha ido a avisar al médico de Segovia de una urgencia en Vellosillo recorriendo los 61 kilómetros de ida y vuelta con su bicicleta.

Cada cierto tiempo el pueblo era visitado por barberos que lo mismo cortaban el pelo que extraían muelas en mal estado. Podían operar de anginas y vegetaciones.

Lo mejor era no enfermar o sufrir un accidente, ya que la solución era siempre un poco complicada. La tasa de mortalidad infantil era muy alta como corresponde a una sociedad con carencias de higiene y no muy bien alimentada, que básicamente se curaba con remedios caseros y naturales. Los supervivientes de las sucesivas generaciones solían ser hombres y mujeres muy fuertes físicamente debido al duro proceso de selección natural.

Antiguos relatos narraban el horror de la gripe española de 1.918 que diezmo el pueblo y los alrededores, con escenas apocalípticas de carros que bajaban los cadáveres al cementerio antiguo para ser enterrados en cal viva, como se hacía con la peste negra de la edad media. 


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