La gestión del agua


Pozo de Miguel Tanarro en Vellosillo. 2010
El agua siempre ha sido un bien escaso, y más en un pueblo de la meseta castellana. Vellosillo cuenta con el río Caslilla que mantenía su cauce durante todo el año. Actualmente varias represas en el propio río y en afluentes han producido que el río se seque totalmente al principio del verano y que no vuelva a fluir hasta las lluvias del otoño. El río contaba con varias pozas que se formaban con las crecidas por la fuerza de la corriente. En una ocasión una crecida se llevó el puente de Perorrubio entero, incomunicando los dos pueblos durante un tiempo. Las tierras colindantes con el río eran las más fértiles e idóneas para la explotación de choperas. Varios arroyos surcan el término, aunque casi todos se secan en verano, el frescor hacía que a su alrededor permaneciera la hierba verde. El pasto en los arroyos era subastado anualmente por el regidor.

El río se utilizaba como lavadero, no existiendo un lugar protegido como tal. El lugar más corriente para hacer la colada se situaba en el huerto Jarrillo, donde cada mujer apoyaba su rodillero y clavaba la tabla de lavar en la tierra para que no se moviera o utilizando una losa escavada en el césped de la ribera. La frecuencia media era ir lavar la ropa, sábanas y los paños que se utilizaban como pañales, una vez a la semana. El jabón era autoproducido con las sobras de aceite. En invierno, en numerosas ocasiones, las mujeres tenían que romper el hielo que cubría la superficie del cauce para acceder al agua líquida. Otro lugar que se utilizaba era en Giriego, en el comienzo del cañon del río Duratón.

El aprovisionamiento principal de agua se realizaba en la fuente del pueblo, a la que dos veces al día iba cada familia con los burros transportando en alforjas los cantaros que se llenaban en la clara agua que manaba de la fuente. Por las tardes la fuente se convertía en el lugar de reunión de los mozos y mozas del pueblo. Los cantaros se almacenaban en cantareras. Los animales también bebían en la fuente, produciéndose atascos de vacas y machos esperado a beber de los pilones. Una vaca podía beber un pilón entero de una tacada. Una vez al año se vaciaba la fuente en una hacendera y se limpiaba el verdín con cal viva.

Hace unas décadas existían doce manantiales que mantenían el agua durante todo el año. En estos momentos, solo una fuente es capaz de manar agua durante todas las estaciones.


Cantarera con sus cantaros
Había cuatro pozos en el pueblo (hoy en día quedan tres operativos). Se trataba de pozos de entre 20 y 30 metros de profundidad escavados con piqueta a mano, en algún momento pasado del que no se tienen referencias. Cada pozo tenía sus huecos laterales que servía de escala para poder bajar a limpiarlo desde unos apoyos laterales a la altura del espejo del agua. El agua que se extraía era limpia y cristalina. Servía para las personas y para los animales que bebían de un pilón que se situaba junto al brocal de piedra tallado a mano del pozo. En época de cosecha los mozos del pueblo acudían a saciar la sed con el agua de los pozos. 

Garfio para recuperar cubos del pozo
Palangana 
Tabla de lavar
Rodillera para lavar en el río





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