19 de septiembre de 2010

Descripción de las casas castellanas


Arado romano de Vellosillo
(Extracto de un estudio de Eutiquio Cabrerizo de Fuenteargemil, en la provincia de Soria)



Consta generalmente de tres pisos, aunque esto parece que desde el siglo XIX, ya que, según los datos del Catastro de Ensenada de mediados del XVIII, la mayoría de ellas no los tenía.

La parte baja empieza por el portal, entrada obligatoria de personas y animales. A veces, en él hay un poyo, banco de piedra adosado a la pared. En las casas, con la cocina en planta baja, en el portal solía estar la cantarera con los cántaros, cerca la tinaja, botijos y botijas, surtidos todos de buena agua. Otras veces estaban en la cocina o en el rellano del primer piso, si la cocina se situaba allí. En muchas casas del pueblo hay una bodega subterránea, donde se guardaban las patatas y el vino, en botos, pellejos o garrafones; detrás del portal, la cuadra, con todos los aperos colgados, los pesebres, el corte de los cerdos y el gamellón, su plato de comida. En algunas casas con cocina en planta, el horno quedaba empotrado en la cuadra. Fuera ya, el corral, patio trasero, al que salían las gallinas. Aunque se ha de decir, que, tiempos atrás, todas las gallinas del pueblo salían a la calle a comer. También es frecuente que por debajo de las cuadras pase un desagüe que viene de tejados de otras casas o corrales, llamado argollón, albañal.
En el primer piso, también podía estar la cocina; pero lo que siempre aparece en seguida son las grandes salas con alcobas a los lados. Toda la ropa se guardaba en las grandes arcas, hechas generalmente con enormes tablas de una sola pieza cada lado o en los baúles. En cada alcoba una o dos camas, tapadas por los rojos o blancos corbetores.
La cámara en el segundo piso. Allí se guardaban los granos, bien en el suelo o bien en grandes nasas, de las que se iba sacando con canastillos. En algunas, se iluminaba con las troneras. Si la cuadra no formaba parte exacta de la casa, sino que estaba contigua a ella, había un espacio encima, el encamarado.
La cocina era el centro de la vida social y familiar en el pasado, por lo cual eran espaciosas. En ella se comía, se contaban las atractivas historias y cuentos en las largas noches de invierno, al amor de la lumbre, que siempre se hacía en el suelo. La chimenea tendía a pasar por paredes de habitaciones para aprovechar el calor, era una gran ventana que subía hasta arriba del tejado, tendiendo a converger al final, servía también para proveerse de luz, aunque lo normal es que fueran oscuras. En ellas se curaba la matanza, las largas ristras de costillares, lomos, tocinos, morcillas, chorizos, güeñas o jamones. Sobre la lumbre, pendía una gran cadena en la que se sujetaban calderas y cubos, el allar. En el suelo, la lumbre, sujeta con el recogedor; las tenazas; los pucheros con sus corbeteras, apoyados en los seseros; las trébedes, potes y rebollos. El banco; el vasero, con los platos vados o llanos; las cucharrenas; la alacena o palomilla, agujero rectangular que había en las cocinas o salas para meter cacharros. Cerca de la cocina, la despensa con la fresquera.
No faltaba en ninguna casa la gran llave de la cerraja principal, ni la gatera, ni las andabillas de todas las puertas, el picaporte, los candiles, el badil, el uso y la rueca, el palancanero o el carretón, artefacto de madera en el que se aprendía a andar. Para lavar la ropa, el coción, cacharro de tierra donde se preparaba la colada a base de agua a noventa grados con jabón casero, que llamaban su lejía, y la lavadera, tabla estriada sobre la que se lavaba de rodillas. También era costumbre jalbegar todas las paredes por la fiesta de San Isidro.

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