28 de junio de 2021

Las fotografías de Piedad Isla

 

Piedad Isla (Cervera de Pisuerga, Palencia, 6 de septiembre de 1926 – Madrid, 6 de noviembre de 2009) fue una fotógrafa y etnóloga española que durante toda su carrera documentó la vida de su región, la Montaña Palentina. Con una visión tan profundamente curiosa como documental, consciente de un modo de vida que se transformaba rápidamente e iba abandonando para siempre muchas costumbres, se afanó en retratar profusamente la vida social de su entorno, viajando en una vespa.

Creadora de una obra de extraordinario interés etnográfico y antrológico, es una de las grandes representantes de la fotografía popular española, junto a Luis Escobar y Virgilio Vieitez. Fotógrafa profesional desde el ecuador de los años cincuenta, durante más de dos décadas recorrió por caminos carreteros los pueblos de la montaña palentina, retratando la vida íntima y pública de sus gentes. Alejada de los ambientes que marcaban el oficialismo fotográfico de su época, siempre le movió la intuición y el corazón. Así fue levantando un verdadero retablo iconográfico de su tierra, a través de más de cien mil fotografías sencillas y despojadas, alejadas de toda pretensión. A lo largo de más de treinta años lo retrató todo: agricultores y pastores, mesones, caminos, tiendas, cantamisas, bodas, funerales, matanzas, fiestas y rituales de los habitantes de la montaña.

A partir de los años ochenta alternó su trabajo de fotógrafa con una obsesiva investigación etnográfica, cuyo fruto fue el Museo que lleva su nombre. En los últimos se dedicó a ordenar, catalogar y escanear su archivo fotográfico, gracias al apoyo de la Fundación Piedad Isla. A partir de entonces, su obra comenzó a darse a conocer a través de exposiciones catálogos y reportajes en dominicales de la prensa nacional. “Piedad Isla –ha escrito José María Pérez, PERIDIS-, ha sido el espejo de la memoria de un mundo rural ya desaparecido. La gozosa consecuencia es su obra, un trayecto casi místico, que hunde sus raíces en la tierra, en los dulces y agrestes valles de la montaña palentina”.

Durante más de cuarenta años de trabajo, generó un archivo de cerca de 130.000 instantáneas que en la actualidad se conservan en el Centro de Documentación de la Imagen de la Montaña Palentina (CEDIMPA) y la Fundación creada en su localidad natal. Las imágenes fueron tomadas a partir de principios de la década de los años cincuenta y constituyen una valiosa crónica de la vida de la zona. Como ella misma señaló:
«[...] es el único testimonio que tenemos para enseñar a las nuevas generaciones atrapadas por la telefonía móvil e Internet que los rostros arrugados de los antepasados no respondían al azar, sino que evidenciaban las dificultades de una vida austera, los sacrificios de la gente que no tenía nada, salvo la ilusión de vivir, de tener una meta y un pequeño sueño que cumplir». 












 




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