Pastores y vaqueros en Vellosillo



Las familias de Vellosillo, en la comunidad antigua, convivían de forma muy estrecha con sus animales, compartiendo casa y preocupaciones. Toda la familia se encargaba de su cuidado. 

Cada especie animal tenía un método de cría. Los pastores se encargaban de las ovejas, un vaquero de vacas, mulos y burros, un segundo vaquero era responsable del pastoreo de cerdos, y, gallinas, conejos y palomas eran criados por los miembros de cada familia. 

Cuando no estaban trabajando los animales de carga, vacas, mulos y burros, el vaquero formaba a diario un rebaño con todos los animales del pueblo y los llevaba a los prados. El vaquero cobraba un sueldo de cada familia en función del número de cabezas que tuviera. Otro vaquero realizaba la misma función con los cerdos del pueblo. Ambos rebaños no podían mezclarse y pastaban en zonas diferentes. En los últimos años de la comunidad antigua, los cerdos dejaron de pastorearse y se dejaban en sus pocilgas en la cuadra de cada casa. 

Cada día se producía un procesión de animales por todo el pueblo en una perfecta coreografía que nos sorprendería hoy en día. Ovejas, vacas, mulos, burros y gallinas volvían solos formando filas a su casa sin mezclarse con los de otra familia o equivocarse de cuadra o tenada. Cada animal se colocaba en su pesebre acomodándose al calor del hogar. 

Las ovejas eran guiadas por pastores profesionales, la mayoría forasteros del pueblo, y muchos de ellos parte de clanes familiares de pastores cuyo sus antecedentes se perdían en los tiempos de la Mesta y de la trashumancia

En cada casa familiar había un pastor, asalariados con un estatus especial, por el que recibían alojamiento, manutención y un pequeño sueldo que les pagaban con las plusvalías que se obtenían con la venta de corderos y la lana. Los rebaños familiares oscilaban entre las 15 y las 100 ovejas. Cuando una familia tenía solo 15 o 20 ovejas solía juntar su rebaño con uno más grande para ahorrar costes, pagando al pastor del rebaño más grande la parte proporcional de sus ovejas. 

Durante todo el año, excepto en verano, cada pastor se levantaba al alba y volvía al atardecer. Cada pastor solía llevar las ovejas donde el cabeza de familia le mandaba, rotando por las veredas, prados y lastras del pueblo. En verano, el pastoreo se hacía por la noche, y sobre las diez de la mañana volvían los rebaños al pueblo, donde se guardaban las ovejas en las tenadas amodorradas por el calor. Cuando tenían que hacer noche, se montaban las teleras, vallas de madera que previamente había dejado cada familia en los campos en barbecho. Aprovechaban las deposiciones de las ovejas para fertilizar la hoja de cada tierra en la temporada de barbecho. 

Los pastores solían ayudar en las tareas del campo, a parte de cuidar el ganado, sobre todo en momentos como la cosecha. Casi todas las familias ponían a los niños a trabajar como pastores cuando requerían para otras labores al pastor asalariado. A partir de los 7 u 8 años de edad, todo niño de Vellosillo se consideraba que estaba capacitado para cuidad del ganado. Era un trabajo esencialmente de hombres, aunque también las chicas podían trabajar de pastor. 

El pastor se construía chozos, pequeños refugios hechos con piedras, para guarnecerse del frío y del viento. Consigo llevaba la manta del pastor, el zurrón y el garrote. La pesada manta  de rayas la utilizaban como prenda de abrigo, como capa, para salir a pastorear con las ovejas, y también como abrigo sobre los fardos de paja, a modo de lecho, que tenían en el interior de los chozos. El zurrón se hacía con la misma piel de la oveja, por fuera dejando la lana y curtido el cuero en el interior donde llevaban chorizo, pan u hornazos. Eran capaces de pasar noches al raso si las necesidades del ganado lo requerían, como en verano o cuando sucedía una venida

Cada familia tenía entre dos y cuatro perros pastores. Los pastores más hábiles eran capaces de manejar un rebaño de ovejas simplemente haciendo señas a los perros, que se encargaban de guiarlas. Una de las labores más importantes del pastor era evitar que las ovejas entraran en los campos cultivados. Cuando un pastor era negligente, el rebaño se podía comer la cosecha de una familia, generando un problema serio entre los vecinos. Otra misión importante era asistir a las ovejas en el parto. Conocían a cada animal por su nombre y de su cuidado dependía la supervivencia de la familia. Los animales vivían en régimen de semi-libertad y solo se alimentaban de productos naturales de la tierra. Los tomillos y plantas aromáticas de las lastras conferían un sabor especial a la carne, que es la que ha dado fama al cordero asado de Sepúlveda. 

Cada familia utilizaba una marca para reconocer la propiedad de los animales. Se hacía con pez (muy parecido al alquitrán) caliente cuando estaban recién esquiladas, utilizando unos hierros que llevan una letra en uno de los extremos y un mango de madera en el otro. Se calentaba la pez y se aplicaba con el marcador en la parte alta de uno de los costados de la oveja. 

Cuando tocaba sacrificar a los animales para poder comer, se les mataba de la forma más rápida posible para que no sufrieran innecesariamente. Todo se aprovechaba de cada animal, cerrando el ciclo de la vida. 




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