Recuerdos de Vellosillo


Santos García Estebaranz, vivió en el pueblo de Vellosillo,  durante la guerra y algunos años después. Hasta que emigró de joven a Madrid,  como tantos otros . Hoy nos escribe algunos de los recuerdos de su infancia en el pueblo.

 Recuerdos de mi niñez hasta los 10 años.

" Yo nací en  Vellosillo, un pueblo muy  pequeño que ahora es pedanía  de Sepúlveda en la provincia de Segovia.  Éramos  unos treinta vecinos dedicados  todos  a   la agricultura   y también a la ganadería. Estos son algunos de mis recuerdos siendo niño.





I.                    El arado

En el pueblo, todos teníamos   vacas, y  los   machos,   que se utilizaban  para   arar   las tierras   de  labor.

Se usaba el arado romano   tirado por   los   machos    o   vacas.  Era   un   trabajo   lento y muy duro para   el   hombre,  que    tenía   que    apretar fuertemente   la   esteva, para que entrara más en la tierra la reja  del arado y para dirigirla de forma que los  surcos quedaran rectos. Ahí   estaba la   pericia  y  el orgullo del labrador de hacer mas derechos   los surcos que el vecino.

El  arado  tenía  una   pértiga  o timón que  iba  hasta el  yugo   del que tiraban los machos   . La reja de hierro forjado terminada en punta, iba abriendo el surco en la tierra. A los lados llevaba unas piezas de madera llamadas orejeras de unos treinta centímetro,s  que servían para apartar a los lados la tierra que se levantaba,  formándose así los surcos. La reja acababa por desgastarse. Era muy importante que estuviera bien afilada para arar.


II.                  El Herrero

Por eso, en  todos  los  pueblos  donde   había    que  trabajar  la  tierra   con  yuntas, se necesitaba una     fragua. En   nuestro    pueblo   teníamos   un herrero. Se    llamaba    Ángel.

En   la    fragua   había   un   fuelle  enorme  que se accionaba con una cadena que colgaba del techo y de la que tiraba el herrero. El aire del fuelle avivaba el fuego y se formaban ascuas. Allí se metía la reja o la pieza de hierro que fuera,  hasta calentarse al rojo, después,  el herrero la ponía sobre el yunque con las tenazas y la daba forma y moldeaba golpeándola con el martillo.

Otra cosa que se fabricaba mucho en la fragua eran clavos, se hacían uno a uno y se usaban en la construcción de los tejados para clavar las ripias a los machones o para clavar las vigas de madera de las casas. 

También se hacían las herraduras para los machos y las vacas de tiro. Las vacas se herraban en el “potro”, que era una especie de cuadrilátero de madera que todavía está en el pueblo donde se las ataba, porque si no, no se dejaban herrar. A los machos y a los burros no hacía falta atarlos para ponerles las herraduras ya que se quedaban quietos..


La  fragua de nuestro  pueblo estaba  detrás   de   la escuela   adosada a un torreón, de   la época   de la   Reconquista,   este era   macizo, de argamasa de piedra y cal.  Tendría     seis     o siete   metros   de   alto por dos metros de espesor, cuadrado. Era como un fuerte. Tenía además un muro más bajo    que era donde se apoyaba el tejado de la fragua.


III.                El Ganado

Cuando empezaba el tiempo bueno de   primavera  se llevaban las vacas a los prados. Había  un   vaquero,   que     contrataba   el pueblo para cuidarlas. Y le pagaban con relación   a las  cabezas   que    tenían cada uno.

Todos  los vecinos  tenían  dos  vacas para el  trabajo   y también un burro que se usaba  para  traer   agua   de   la   fuente,   que se    encuentra   a  unos quinientos   metros del pueblo, o bien  para  ir  de  compras   a  Sepúlveda  o a  otros  lugares .

Había  alguno  que  tenía  dos  yuntas  para  arar, ,eran los  menos,   .porque no   eran   grandes   explotaciones, El   que   más   vacas tenia   era   el  Tío  Daniel que   eran    lecheras, o sea     para      ordeñarlas   y     vender    la    leche.

Al anochecer llegaban  los   animales   al   pueblo desde los prados, sacudiéndose con el rabo   las   moscas,   las   vacas,    algunas   con   su   ternero.  Al llegar al pueblo se separaban y se iban cada una a su casa  sin guiarlas, atravesando la pradera que había en el centro del pueblo, donde se trillaba en verano.
         
En   verano, a mediodía,  el vaquero las dejaba en la cerca del Tio Ambrosio para que se echaran la siesta. La cerca la contrataba el pueblo teniendo en cuenta que los excrementos de las vacas servían de abono . Por   la    tarde     las    llevaban  a  pastar   otra  vez.
                          
Mi    padre    compró   una   vaca.  Y   me   acuerdo   que   paría   un ternero,  que lo vendía cuando ya era bastante grande. Después  compraba   otro   recién   nacido, la vaca le daba  de   mamar y  cuando  se     hacía  grande    lo   vendía y así sucesivamente.
 
Teníamos   encerrado  al ternero  con   un trillo, en   un   rincón  de la cuadra y   cuando le   sacábamos   a   mamar   nos   daba   unos    pisotones, que  nos hacían cardenales.  No    extrañaba  al   nuevo   la vaca.

Entre   ternero   y   ternero, nos    daba bastante   leche   incluso   los niños ordeñábamos. Y   algunas   veces   del   chorro   de   leche   que   salía,   lo   bebía directamente, y estaba   muy   bueno. Mi  madre  nos ponía   una  cazuela  muy  grande  de  leche  con  pan  y azúcar.  Y   todos   a   comer  de  la  cazuela  para  desayunar.

En nuestra casa había también dos machos y una burra. Al   hablar   yo   de   los   machos  me refiero a los que algunas  zonas  les llaman   mulos   , son   un cruce   entre   caballo   y   burra. Y   entre   yegua   y   burro. Para   arar   el campo   son   muy    duros  , las  hembras  no pueden tener  descendencia.

En primavera se hacía   una  junta  del  pueblo  que  casi siempre   se   celebraba   en   mi   casa    por   ser   la taberna. Como   casi   todo   el   mundo  tenía  animales, el pueblo subastaba y arrendaba   la    hierba de las veredas y los arroyos que había entre las tierras. Decían   por ejemplo,   por el  Arroyo   de   Martin Caza   yo   doy   cincuenta  pesetas    Por  el  camino  de Valderices doy   treinta   y   alguien   podía  subir  más.
Luego teníamos   que  llevar a los animales a pastar cogidos del ramal  para que no se  comieran   los    trigos     del    vecino. Y nos mandaban   a   los    pequeños.  

En    Castilla   se    celebraban ferias   del  ganado. Una vez fui   con   mi padre a  la feria de  Turégano.  Era   muy   bonito  el  ambiente   que  allí    había  y  sobre todo   cuando   hacían   un   trato, la  seriedad  que  había. Porque     se daban   la   mano   y eso   valía      más  que  un  contrato  de  hoy.  

IV.                 La Iglesia

También recuerdo la   inauguración   de la parte de delante de la iglesia del Corazón de   Jesús. Yo no había   cumplido   los cinco años. Había mucha  gente  y curas con pendones.  Para   mí,   mucho  ruido y  colorido.  No  estábamos   acostumbrados. Cuando   hicieron la iglesia  si     lo   recuerdo   más.  Ese   día   fue   muy   triste   para   mi   padre   y     para    mi hermana Consuelo.  Porque   estaba   en   cama  mi  madre , y  muy  grave  .La  gente  no  cabía  en casa, que  era  el  bar del pueblo ,  y  mis hermanas Consuelo   con  Felisa  en  brazos  , llorando.   Ella se   acordara   mejor     que   yo   , porque   lo   primero   era   más   pequeño   y a las mujeres    les   encargaban   que   cuidaran   a    los    niños.

Cuando se inauguró la iglesia  fue   una   fiesta, en   lo   que   recuerdo   que   nunca   habrá  otra  igual   de gente, En   la pradera    había   un   montón   de   corros   con   familias  sentados   comiendo. Gente que   habían llegado   de    los pueblos de   los   alrededores.    De   Sepúlveda   con   camiones   .Ahora   no   se   en   qué  fecha   del    año   se   inauguró   pero    hacia   un   tiempo   bueno. También   trajo    Don   Jenaro   una    orquesta de    Segovia.

Había    una   costumbre   en  el  pueblo   que  cuando  se  casaba   un chico de   fuera    con   una  moza  del  pueblo   tena  que  dar    a  los mozos   una  propina   para   hacer   ellos   una   fiesta.  Pues  no  sé,  veinticinco  pesetas.  Pero   algunos   no   entendían   esas   costumbres     en   este   pueblo, y  han llegado   a    tener   bronca.


V.                  El candil

El pueblo    cuando   nací   no tenia   electricidad   ni   agua corriente.  En   mi casa como era la  taberna teníamos   unos   candiles   de  aceite  y  también  como un   jarrón   de  hojalata   con   un tubo, una lámpara de carburo   que  daba   bastante   luz.



Teníamos   ovejas   y   mi hermano   mayor   y   yo   las   dábamos  de  comer algarrobas,   que   son un grano   parecido   a   las lentejas .y también paja de las mismas. Íbamos   por   la   noche    con un   farol   de cristal   que los hay todavía,   para que no se    apagase, bueno,   nos poníamos   de  barros  hasta el tobillo.

Eso   de   los   candiles    era  un  peligro    .porque  venía   una  ráfaga   de aire,    salían chispas   y   podía   haber   un   incendio, y  sobre   todo  en  verano   que   estaba  todo  tan seco,  con   la   paja   de   la   cuadra   y  la   leña en el   sobrado.   Y   más   aun   en  la época    de  la  trilla .

Mi   madre   les echaba   la   bronca   a   los   tíos    “Porrillos“ porque  a   veces  salían  a fumar   a   mi   puerta   cuando   estaban   todas   las   hacinas   en la    era, a unos metros. .
                 
Tuve   miedo    durante   años   .por   un   caso   que   paso   a cuenta   de los candiles. Teníamos   una   escalera   que   daba   a   un pasillo   y que  comunicaba con   la  cuadra , y  en  el quicio de la puerta  a la cuadra   colgaban un candil entre   otras   cosas   para que  vieran  algo  los   clientes   de la taberna  que   entraban   a la  cuadra,   que  hacía  de  aseo. Al lado, en  la  escalera  de  subida  al  sobrado, mis  padres siempre   dejaban   una   lata   con cebada para   los   animales.

Ese   día    se conoce   que   dejaron    al   macho   Morico sin atar al pesebre,  llevaba    la albarda    puesta  , y   como la  puerta de   la   cuadra    estaba   abierta, se  fue  a  comer   la cebada   a la  escalera , y  con  el  candil    se  prendió   la  cincha , que  sujeta  la  albarda.
Y   gracias a  que entró   el   vaquero,  fue a la  cuadra. y  se encontró   con   la   cincha ardiendo   y al  pobre  animal   dando  coces a   ver   si   se   podía   zafar    de la   albarda .Se   hizo una  herida    tremenda.

El vaquero avisó   a   los que estaban    en el mostrador  y   gracias   a   eso   dio   la   voz  de   alarma . Teníamos   encima  del  ganado, la bardera, todo   lleno   de   leña   seca para   la lumbre.    Si   llegan   las   llamas    arriba    hubiera   sido   imposible   de   apagarlo.

En esa época   yo    era   muy    pequeño   y dormía   con  mi hermano Isaac     en  la cambara.   Después del incendio   mi   padre   pensó  que  tenía  que  hacer  otra  alcoba. El dinero   no   sobraba. En   el   Juncar junto al río  se hacían adobes    con   tierra   y   agua   mezclado   con   paja. Y   con el   azadón     lo   daban   vueltas   mezclándolo.  Después   ponían   un   molde de   madera   y   les   dejaban   secar  al sol  unos   días.   Y con el   carro al  pueblo. Como   veis tenían    ya   el   material    para   la    construcción   de   los  tabiques. Lo hizo el   Caminero  y  Carpintero. Que   sabía   hacer   de   todo.  

Después de eso el caso es que tuve pesadillas,    me levantaba  de la   cama  llamando    a  mi    madre   ,  porque  me  parecía  que había   fuego   en la   cuadra   .y   quizás   nada mas   que   era   un    resplandor. 

VI.                Los Valores

Nuestros    padres   eran   gente, pues, que no tenían   buena   formación, pero   si   nos enseñaron   a   ser  trabajadores,   a  respetar  a la  gente. Mi   padre era   el   único  en el  pueblo   que  estaba suscrito   al   diario   del   Adelantado   de   Segovia   ,también  era  el   único que    se  preocupó  de  que   en  el  pueblo sus hijos  estudiaran ..  y   eso para   mi familia   era    un   verdadero   sacrificio. 

Recuerdo   que   nos   mandaban   a   todos los  nietos  que  fuéramos  a felicitar  a los abuelos   en   su   cumpleaños, ya   sabéis   que   vivían   donde    la   casa junto al transformador,   y  ellos  nos   daban   chicharrones, que   es   sebo    que   tienen   los corderos, donde   envuelven   las   vísceras   , los    freían     y a comerlos. No  nos gustaban mucho,   pero  era   el   detalle,   que   nos   mandaran   a felicitarles  . Después   cuando somos padres    vemos,  la importancia y el respeto  de esto y  los   valores   que    eso    conlleva.

De   mis otros    abuelos paternos    , sí   que  me  acuerdo  de  mi abuela  Marta y además de
cuándo   murió. Estábamos   todos   los   nietos. Vivía   donde   la   Tía Felisa, donde     los   panaderos.  El   marido   o sea   mi   abuelo  murió   de    la   epidemia de  gripe   por   el   1918

Creo   que   hemos   sido   queridos   por   los   padres, Cuando  éramos  muy  pequeños   y dormíamos   en   una   de   las   dos   alcobas de la sala,     llamábamos   a   mi  madre  para que  nos diera un beso.  Eran   gente   sencilla   y   muy   trabajadores   ,y   con  los  hijos    yo   creo que   lo   han   hecho   lo   mejor     que   sabían.   Aunque     en   algunas ocasiones,    pues   no    estaban   de   acuerdo    y   se   discutía.

En   los   pueblos, en  mis  tiempos    sí  que  eran  solidarios, en   general,    aunque   hubiera   alguna    rencilla.  Cuando   estaba   alguien   enfermo   iban  a  verle. O llevarle un caldo a una mujer si iba a dar a luz. Ya   sabéis   que   antes   de  la  guerra    no teníamos  la  Seguridad  Social, lo que suponía que  el  que   tenía  un   accidente y no podía   trabajar    la   tierra,   lo pasaba   muy   mal   la  familia.  A   parte   que     con     suerte   le  atendían en un  hospital  de  Caridad. Yo   he    visto   ayudar   al   que ha   tenido   algún percance   ayudarle a    arar     o    otra   labor.
En   cambio   en   Madrid    estamos   los   vecinos   pared   por medio. Y   no nos    enteramos.     A    veces   ni   les conocemos.


VII.              La escuela
 
Después de la guerra el pueblo estaba muy abandonado.   Sin   maestro   apenas,   algunas   veces   teníamos   una   interina   que  no podía corregir los   dictados   porque   las   faltas   de   ortografía   no   iban   con   ella. 

Yo creo    que   tenía   cuatro    años   cuando me llevaron  a la escuela,  seguro que   era por   hacer   un   favor  a los padres  porque  tenían que   ir al campo.

Los primeros años, la   maestra   se   llamaba    Dña. María   y era  muy  buena. A   nosotros   nos   metía   donde   estaba   el    brasero, lo  quitaba    y en  un  hueco redondo   de madera que estaba caliente nos   sentaba  y metíamos los  pies  dentro , creo que  éramos  tres  o   cuatro. Seguro   que como   éramos   pequeños   no   alcanzábamos   a sentarnos en el   pupitre.  Ha   cambiado   mucho el tiempo, nevaba  lo que  quería,   nos  hacían veredas   o nos llevaban   en  burros  a la escuela. Mirad   si   hacia   frio que dentro de   las  casas  se helaba  el   agua   de   los    cantaros.   

En   la   escuela eran  “habas  contadas “.  los   libros que  leíamos   era  el Quijote  .Poesías   de    José   María   Gabriel   y   Galán ,   el   Lazarillo   de   Tormes,    el Catecismo. Además  teníamos   una   enciclopedia   que   nos   era   muy    útil   y algo se aprendía. Recuerdo una poesía que leíamos de Gabriel y Galán llamada Mi Vaquerillo,. Pongo aquí un trozo porque es un poco larga:

He   dormido   esta   noche   en   el  monte
Con   el   niño que   cuida   mis   vacas
En   el valle    tendió   para   ambos
El   rapaz   su   raquítica    manta
Y   se    quiso   quitar    ¡pobrecito!
Su   blusilla     y   hacerme   una   almohada
Una   noche     solemne   de   junio
Una   noche   de   junio   muy   clara
Los     valles   dormían
Los    búhos    cantaban
Sonaba    un   cencerro
Rumiaban   las    vacas
Y   una   luz   amorosa
Presidiendo    la   atmosfera   diáfana
Inundaban   los    cielos   tranquilos
De    dulzuras    sedantes    y   cálidas
¡ Que     noches   que  noches  ¡
¡Qué   horas  auras  ¡
¡   Para  hacerse   de  acero los  cuerpos ¡
¡   Para    hacerse   de oro  las  almas  ¡
Pero    el   niño   ¡qué  solo  vivía  ¡
¡  Me    daba  una   lástima  ¡
Recordar    que en los    campos   desiertos
Tan    solo   pasaba
Las    noches   de   junio
Rutilantes     medrosas   , calladas...


La   pizarra     y los   cuadernos   que   teníamos   había que  cuidarles  porque  nos teníamos la
oportunidad   de   tener   otro. Escribíamos   con   plumas   mojando  en  el  tintero lo que   era un engorro,  a la mínima se  daba la   vuelta  y la tinta  al suelo ,o con  los lapiceros   que   se rompía  la  mina  y  a  sacar punta.

Hacia  un  frio  de  perros en invierno  , no había  como  ahora  calefacción  ,teníamos que  llevar  cada  día al que le tocara el “ brasero “    para que se  calentara   la maestra.  A nosotros  nos  dejaba   algunas veces  calentarnos  las  manos.

Recuerdo   de   mi   tiempo   a  Pablito  el  Caminero   que  siempre  hemos sido amigos    y   además   en   clase   de   mayores   estábamos   siempre juntos, nos   ponía   la   maestra   porque   éramos   los   “mejores “.

Pablito le   regaló  a la  maestra   una  vara  de  fresno  , que  tenia quitado  un trozo    de  cascara   y  otro  no  ,y   después  luego a veces nos daba con ella .   Otras    veces, con  una  regla    normal,  cuando   le   hacíamos una   “picia”,  nos    hacía   poner   los    dedos    juntos   para   arriba   y    nos   daba en   las   uñas.   Y   fijaos    como sería   en  esos días  de  invierno con las manos heladas.

Un   día    estábamos  en  la fuente  Félix   de  Doroteo  y yo. Él  era unos años mayor.  Y   pasan  unos  señores  por  allí en unos burros  y nos     preguntaron  que  qué  tal   es  la  maestra  de vuestro pueblo y nosotros inocentes dijimos  que no  sabía nada o que no valía   para maestra .. O algo a si

 Al  día  siguiente cuando llegamos   a la escuela    a  Félix  que era  el  mayor la maestra le   dio  un  somanta  de palos  y  también  me toco  a  mí .Luego  nos puso a   modo de   tortura  de rodillas  contra  le  pared , con los brazos en cruz  y algún   libro en   las manos.    Yo   cuando   me  castigaban  no decía  nada   en  casa, porque  la contestación era   para   casi  todo,   “algo  habrás  hecho” .

Al   otro  día  se presentó  en la escuela   la  Tía  Jacinta  que era la tía  de Félix  y vivía  con  ellos . La tal señora  era  una  institución  en  Vellosillo  .porque  era  la comadrona   del   pueblo,  ella  nos  ha  ayudado   a  venir  al mundo a casi a todos. Bueno,  le  armó una  bronca  a  Dña . Carmen, pero nos quedamos con los palos.

La Tia Jacinta empezó  a  hablar  y hablar  y ya  estábamos  aburridos. En  casa de mis padres  cuando  iba  a  comprar  algo, la   temíamos  porque no paraba.  Se  parecía  al  tío  “ Bolas “  de Torrecilla , nos dijo  mi padre  un día  , me  he encontrado en la  fuente con el   tal   Bolas   y    se  ha  liado  hablar  y  hablar  y  menos  mal  que   le   ha    dado   la  tos  y he podido meterme yo.

Cuando hicimos   la   primera   comunión  teníamos  que   ir   a Perorrubio a  la   Catequesis, Le    teníamos    mucho respeto  al cura. También   teníamos   que ir  allí  a ponernos   la   vacuna   de  la  viruela. 

Éramos   una   panda    más   o menos   del   mismo tiempo, luego   cuando fuimos más   mayores    íbamos a   las fiestas    juntos.  


VIII.            Los juegos

En   la   posguerra   en este pueblo no  teníamos, los juguetes  que  se ven ahora.  Pero teníamos   una gran imaginación   para   hacer   nuestros juguetes. Con las  cajas de madera de las conservas que traía  mi padre hacíamos   un   carro  y con  ruedas,  a veces con una navaja.

Siempre  íbamos  corriendo y al final  todos  teníamos  una  herida  en  las rodillas  , yo   solía llegar a casa   que  me  había  hecho  un raspón   y  sangraba. Y   mi  madre  decía  “os  vais  a matar “ . Nos   envolvía   la   pierna   con  un  trapo.

Y  a  correr  otra  vez,  pero el problema  era  cuando  se  secaba   ,que  se pegaba a   la herida   y   mi  madre  calentaba  agua  y con  mucho   cuidado  lo despegaba. Pero  salía  hasta  la  costra. Entonces   no   había   ni   pomada   ni  otra cosa. En   mi   época   sobrevivía el  más  fuerte.

Cuando  nos dejaban  libres  también jugábamos  a las  tabas  ,que eran    huesos  de  los corderos,  o   a  la peonza    ,a las tres  en  raya ..Con la   peonza   poníamos en el  suelo  un circulo   con  una  perra  de  cinco  céntimos  y el  que  consiguiera sacarla   se   quedaba   con    ella   .También   a   las   buenas mayas. Que   era, que   uno  se  ponía  agachado  y el compañero saltaba   como a hora  lo  llaman el   “Potro  “.

Otras veces, cuando  éramos más mayores, teníamos  el frontón  y hacíamos  nosotros las pelotas para jugar. Primero con  tiras  de   cámara  de  bicicleta  para que botara  y  después   envuelto con hilo  de lana   para que  fuera  más  blanda . Mi madre   me   decía  “no encuentro un ovillo de  lana”. Y  yo   a   callar.  Y después para   que  fuera  menos  duras  nos las  ingeniábamos    para  cazar un gato,    le desollábamos   le   teníamos   unos   días  para que se  secara  y la forrábamos después con mucho  arte.

Cuando   éramos   más   pequeños   jugamos   al escondite,    a la comba,  a   la    gallina   ciega. Todo en las praderas   donde   se trillaba.  Recuerdo   aquellas   praderas   cuando nevaba,   hacíamos   bolas   de   nieve

Y  como  la nieve duraba  unos  cuantos  días   echabamos un poco de estiércol con una pala  poníamos un   cepo,   con trigo.     Los pájaros tenían   mucha  hambre y   en   cuanto   veían    algo   iban a   comer y los cogíamos . Tenía su técnica. Poníamos a remojo el grano para atravesarle con un hilo, y a poner el cepo, enseguida caían los pájaros.  Mi madre se enfadaba “os vais a morir de frio”. Despues se los comía mi padre que le encantaban.


IX.                La cosecha

Y   en   primavera, con el buen tiempo,    sacábamos   algunos   días   la mesa  a la puerta de casa  y   comíamos   al  sol.  Yo   tengo   buen recuerdo   de   aquellas   praderas.  Veíamos   hasta   la   sierra cuando   estábamos   comiendo. Rodeados   de   gallinas   .porque   estaban picoteando   en las praderas  y cuando   comíamos   se   acercaban   alguna   mas   que   no  eran  nuestras a   ver   si   caía   algo.     Allí   no   se  desperdiciaba nada. Pero cuando   ya  se hacía  tarde  cada gallina se iba sola a su casa.
mapa del pueblo durante la guerra


Cuando   llegaba   la   época   de la cosecha, teníamos  que ayudar todos. Como   eran normalmente   muchos   de  familia,   los  mayores  cuidaban  a los pequeños. También teníamos que estar   pendientes de los pucheros en la lumbre  que  casi siempre  eran  garbanzos  o alubias.

Se comía también de la olla   con   la  conserva  de  chorizo   o lomo. Esto   lo metían en   aceite   y   se   conservaba   así unos   cuantos    meses,   normalmente  lo sacaban    en   verano.  Lo   adobaban   antes  de meterlo  en  la  olla. Así se    buscaba     la   manera   de conservar   los   alimentos mucho tiempo. También con sal. Metían los jamones en   casa   en   un   cajón    grande. Metían   uno primero   echaban     una   capa   de   sal    , después   otro  y  otra    capa  de  sal. Hasta   los   cuatro   jamones    allí   estaban  un  tiempo  prudencial,   ellos sabían    cuanto.

Después les   sacaban    y   mi   madre   hacía una mezcla    con  pimentón y   agua   ajos   y   no   sé    que más,     untaban   bien   los jamones   y  los colgaban   en  la  cocina  para curarlos, también  ,encendían    un  hoguera    para    que   tuviera    humo   la habitación. Pero lo    más   importante  es que  hiciera  frio.

Algunas   veces   desayunábamos, como ahora   llaman,    “patatas   revolconas “ .No   sé   exactamente   como   se   hacían  ,porque  yo no soy  buen   cocinero  para  dar    consejos.  Pero   las   he   visto   hacer a   mi   madre   cuando   éramos    muy pequeños    en   un   fogón   bajo ,     en    un  puchero , con ascuas   , les  llenaban   de patatas   peladas  ,y despacio  hasta  que  se  cocían  ,  las   aplastaban   con   un tenedor  hasta que   estaban  desechas, luego en una   sartén,  mi   madre   ponía   aceite    caliente,   les   echaba   un poco de   pimentón    y   un   poco   de   chorizo   o   unos   torreznos   pequeños    con   veta   y nos  la desayunábamos  , y sabían   estupendas .   

Muchas    veces   cuando tendría   ocho   años,   estaban   segando    y teníamos   algún   segador o agostero contratado,  entonces se   quedaba   mi  madre en casa, para hacerles la   comida   .y   a mí  a  media  mañana  me mandaba  a  llevarles   la merienda. O el almuerzo   con    una   buena   bota   de   vino.   En   la   burra.  Me ponía   todo   y   me    decía,   están en Las    Largas,   la  cuadrilla. Y   ya   creo   que    sabía  todos   los nombres   del  término. 
  
También, mis  padres   me  cargaban   en  los  machos  los  haces  de  mies  para llevarlo   a la era  Les  ponían a los  machos encima de la   albarda  unos   palos   atravesados horizontales que  se  llaman  amucas, donde ataban los haces, tres a cada lado y uno atravesado encima.               

Esos   haces   pesaban   bastante   y yo que   era   muy   pequeño   no   podía   ni descargarlo
Cuando   llegaba   me   lo descargaba   la   abuela    Santas.  Ya   sabéis   que   era   la   madre   de  mi  madre y algunas    veces   se   quedaba   al   cuidado   del  resto  de   los  nietos. Uno de esos   días   que   descargaba   a los    animales  le pegó  una coz   el macho Bragado    que  tenía   mala   uva   y   la   tiro   al    suelo.

Otro día, los haces de mies que traía  con el macho, empezaron a darse la vuelta, y tuve que venir colgado a un lado   desde   los   Prajones    hasta   la   era . Llegue  con  todo el brazo    con   raspones   de   la   mies.  Pero   no   se   me  cayeron.

Y claro,    cuando   la   trilla,  con   calor   o sin  calor,  subir  al trillo  tirado por los  machos   a dar vueltas.   Cuando   ya   estaba   trillado   luego había   que   separar   el   grano   de  la  paja. Recuerdo haber visto echarlo con un bieldo   al   viento y   como   la   paja   pesa menos,    se iba  más lejos   y   se   quedaba   el    grano. Pero era    una  tarea  de  mucho  trabajo.

Nos   mandaban también   a   escardar   .porque   en   aquellos   tiempos   no   existía  el herbicida   como   ahora    que   lo   echan   y   no    queda  ni  una  hierba, y   si se  podía, había  que  quitar  lo máximo  posible  porque  ahogaba  al  trigo. Era   dos   artilugios    un palo   para   no   agacharse   mucho  y  abajo  en el extremo   como   una   hoz, y otro  palo   que  al  final  tenía   como   un  horquilla para    atraer   los    cardos   y   cortarlos.  

El   campo en primavera   estaba lleno de flores de todos los colores, y los trigales,  cuando hacía viento parecían olas.    
                   

Cuando   quitaron   las ovejas, en la casa vieja,  a  mi  padre se   le   ocurrió   comprar    unos   conejos. Y    se  multiplicaron  como el Pan   y   los Peces   según  dice  la   Biblia. Ya   estaba de   cuidar  conejos  y  de comerlos hasta   el  “gorro” , todos   los   días  teníamos que ir  a coger   amapolas    y  otras  hierbas cargados con el saco.  Para los conejos.

Las   amapolas   soltaban   un líquido   que   en las manos    parecían    pecas,   que era muy   difícil   de  quitar.

A   los   pocos   años   los conejos  empezaron   minar   la   casa,   o sea.,  que   hicieron    cuevas  y como  entonces   los   cimientos   casi   ni   existían,   se   escaparon   muchos.
        
Ahora   que  se habla   del  cambio  climático ,creo  que  en todos  los   tiempos  se  han necesitado  que lloviera  y  no lo   hacía   y   otras  llovía   demasiado.   Cuando   pasaba mucho tiempo  sin  llover,  sacaban    por  el  campo  a  un Santo,  creo que  se   llamaba rogativa   e   íbamos  en  procesión  con  el cura rezando.


X.                  La taberna

Mis   padres   tenían un   pequeño   negocio   de   ultramarinos,  venta  de vino al   por   mayor y   menor ,  más la taberna, la  única  donde se  juntaban los del pueblo  a  jugar  a las  cartas  , al  tute  y a la brisca , y que  a  veces  tenían discusiones, porque   si no  has   cantado  las cuarenta  o  porque   no me has   hecho  bien una   seña  en la brisca,   Pero nunca  llegaba   la  sangre  al río.  Yo en algunas   ocasiones   me he   reído  mucho   y  otras   no tanto.

En   la   fiesta   de  San  Juan  ante  Porta Latina   y   el   Corazón   de  Jesús  y    después en la    Virgen  de  la  Serna,   en mi casa   se juntaban   muchos  de los   pueblos   de   los  alrededores e incluso  les  daban  cenas  a los mozos.  y   teníamos  que   echar  una mano todos,    cada   uno   en lo   que podía.

Por el trabajo de la taberna, a   veces  de pequeño  tenía   que llevar   a   Perorrubio  un pellejo  de  vino en la burra. O  a   Duratón. Me lo  ataban   y  luego  me lo descargaban   allí. 

Mi madre se enfadaba  con  su hermano. Cuando  venia  un poco alegre de  Sepúlveda  montado   en  su  caballo.  Llegaba  a nuestra casa   y le  decía al caballo ,”abre la puerta” , y el  animal  como si lo supiera   empujaba   y se  metía   montado  en él hasta la cocina, teníamos allí los chorizos colgados  y se liaba    a  mordisquearlos  desde  el   caballo   y  fijaros  como  se ponía  mi  madre. Se ponía furiosa.   Le   llamaba   “burro”    y  él riéndose le decía   “perversa “.    

Mi  tío  tenía  un   dominio  de  los  caballos    que  ya  quisieran   los  de las películas del   Oeste .Yo   he  montado  en  ellos  cuando  era  algo   mas  mayor. Me decía,   baja   con el caballo  a  la fuente  a darle  de  beber.. Y el caballo no se   movía, pero   montaba   él   y corría como una flecha,  Una  vez    que  se  dirigía  a   Pradena,   a   medio camino reventó al caballo de   tanto   correr. Entonces le quitó la montura se la echó al hombro y siguió andando,  al más puro estilo del Oeste.
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Pero volviendo a lo del vino,  diré que  estuve   muchos  años  pero  no  he  bebido   vino  nunca, no me gustaba, puede que porque  tenía que trabajarlo.


XI.                Los Viajes a la Ribera del Duero

Cuando   empezó  la   guerra, requisaron  los  coches,   camiones, autobuses,    y todo   lo que se   moviera  y fuera   útil. El vino teníamos que transportarlo desde las bodegas en carros, donde llevábamos los pellejos que se hacían con piel de cabra impregnados de pez por dentro.

Mi padre me llevaba   a   mí a esos viajes para  ayudarle  en  algo, con el  carro  y dos  machos que   se llamaban el    Morico  y  el  Bragado en dirección  a la  Ribera  de  Duero. Tardábamos en llegar casi dos días.

Íbamos por La  cuesta  de  Honrubia  ,   por Pardilla    y dormíamos  en   Milagros , en   una    venta, bueno,   nos daban   una   saca  de paja   y en un   cuarto   dormíamos   ,pero   llegaba  la comida   y no   tenían  aceite   y mi padre, que     había   cogido   de   casa  un  trozo  de  tocino  lo  freían   bien, y de ahí   salía el   aceite   para   hacer   unos   huevos   con  patatas ,  y  así se pasaba.  Los   hacia   la  posadera    donde   dormíamos.

Los   machos    les   metían en una  cuadra  a  comer  y a descansar.

Nada más  llegar  mi  padre   iba a  probar  el vino  de las  bodegas, para  elegir  el que mejor fuera  y después  de  ajustarlo, a llenar  los pellejos a las cubas.  A  mí  me llamaba la atención la profundidad que tenían las  cuevas  o  bodegas. Dentro tenían cubas   de   madera    con  unos  dos mil  o  tres mil litros. Yo le preguntaba  a mi padre cómo   habían  podido   meter  estas  cubas   por una puerta  tan pequeña   Y claro,  me   decía   es  que  bajan las  tablas  y  las montan  dentro .

Llenaban allí   los pellejos   que   pesaban   setenta   o   ochenta kilos   y  los  subían por   unas escaleras    empinadas   que   casi   a mí me costaba  subir. Eran  muy  fuertes. Pero casi todos   terminaban   mal de  los  huesos. Ahora   en   las cooperativas está   todo  mecanizado  para   pisar   la   uva,    para   cargar   una   cisterna   con   los   litros que  se quiera.. Ahora   en esas    bodegas   ya   casi   todo   es    embotellado.


Luego,   una   vez   cargado   el  carro   con los pellejos  y  dado de comer  a  los  animales el dueño  de  la  bodega  nos  invitaba   en el   lagar  donde  se pisaba   la  uva, a  unas  chuletas  de   cordero,   hacían   como  una   barbacoa   con  sarmientos  de podar las  viñas.

  

Bueno,    ahora   a   ponerse   en   marcha. Como  íbamos  muy cargados,   al llegar a  la Cuesta   de   Honrubia   teníamos  que  alquilar   un  macho  para que   les  ayudara a los nuestros  a subirla   ya  con  los tres  , me  acuerdo que  sudaban  muchísimo la cuesta de Honrubia que tenía unos seis kilómetros. Después seguíamos hacia Vellosillo y el macho alquilado se volvía al pueblo unos 10 km después de hacer el servicio.


Teníamos luego otras   cuestas   menos   empinadas  pero  largas ,y les  costaba mucho   y muy  despacio  subir y  mi padre se quedaba  dormido encima  de la  vara del  carro   con peligro   que  se podía   caer ., y yo tan pequeño le decía  que  se tumbara   en el carro que yo le dirigía , y ya sabes , unas veces  lo hacia y otras no.

De  vuelta    a casa  llegábamos  a  dormir  a  Boceguillas  y  al  otro  día,    al llegar al Olmo, dábamos  un rodeo por  la  cuesta  de   la  Serna.  Porque   la   cuesta    de enfrente   a   Duratón   es   muy   empinada.   Después, unas veces  íbamos   hasta  La   Lastra   y otras,  cuando el  camino  del Corral  al  Cuarto estaba  bien  subíamos por   él.   

Otro   día  con el carro cargado de vuelta, llegamos a  dormir  a una casa   del   caminero  que  había   en la  carretera  de  Sepúlveda   a  la  altura de la Serna,  parece  que mi padre  vio  que  el  camino  estaba  seco    y se  podía bajar   por   él.  Pero  no   centró  bien  el  carro   y  una  de las  ruedas casi   cae a la  cuneta  con toda la  carga  que  llevaba  .Paró a  tiempo pero el carro se quedó atascado  en  la  tierra. El  Caminero  nos  ayudó. Lo  bueno  que  tenía   mi  padre  que  era  muy sociable   y   le   ayudaban   a lo    que    fuera.

Desenganchó   el   Bragado   de    delante    puso   los   tirantes   que eran    una   soga   muy   gruesa de   cáñamo  que     lleva  un  gancho en la  punta . Y el otro macho  entre las dos varas del carro. Y ambos machos tirando de los aros de la rueda del carro y empujando todos conseguimos sacarlo. Se puso todo bien y  a seguir.

Después   unos   años    más   tarde    ya   empezaron    a   funcionar  los  camiones. Por   cierto   muy   malos   porque   no   había. Como veis   era   una   miseria   y   agotador para todos. Y   pensar   que   ahora en   llegar   desde   Vellosilo   a   esos    pueblos,   tardas    media   hora...

XII.              Mariete y el burro

Ya en el pueblo otro día un   tal   Mariete  fue   una   vez    a    buscar  a mi padre, vivian   en la  parte   de  arriba  pegando  donde   Doroteo.   Tenían   un burro    que se había metido   en   unos   estercoleros    donde   echaban   la basura de   los   animales. 

Se   conoce   que   debajo   estaba  lleno    de  agua   y  se atascó   que casi   no   se   le  veía. Mi   padre   le   dijo,    no   te preocupes ,  consiguieron   llegar a  él  y le  ataron una   soga gruesa   ,le   engancho  con los  tirantes  del  Bragado   , desde  la cerca   del  Tío   Daniel .

Y el   chico   que   era   mayor  que  yo  llorando y le   decía   a mi padre que   le   iba arrancar  la   cabeza. Pero   nada,    le   sacó a   rastras   hasta   la   cerca   y la    cabeza  estaba  en su sitio.


XIII.            El Juicio

En   el  pueblo  de Fresno, ,en uno de  esos  viajes,  mi padre paró   a dormir Y parece   que  estaban de fiestas  , ese  viaje no  fui  yo . Uno de  los    mozos,  el   hijo  del alcalde     un poco bebido se  le  ocurrió darle   un    navajazo  a  un pellejo lleno de vino. Claro, no quedo nada.

Mi padre lo denunció en el  cuartel  de  la  Guardia  Civil  y después  hubo  juicio en Sepúlveda, pero en  aquella  época   como en esta,   el  que tiene "padrinos   se bautiza “. 
Mi padre   fue   a juicio   que  se  celebro   en Sepúlveda  y  no le hicieron ni caso. Los alcaldes tenían mucho poder.   Y mi padre, un señor  de  pueblo, entonces,   no tenía  ni voz   ni voto. Y  no le pagaron  nada .

Como   veis   la vida de la generación  anterior a la mía   era dura. Más  que la que  nos  ha tocado   vivir   a    nosotros.  No   tenían   la  alimentación adecuada. Pero  en  la  posguerra   en casi toda  Castilla   no  se  pasó hambre   como   en   Madrid   porque   teníamos   en   el rio Caslilla casi  todos una   tierra   antes   de    la   concentración  Parcelaria. y   como es húmedo el    terreno   sembraban   patatas   berzas. Un poco de todo.


XIV.              Los gatos

Teníamos en casa     dos   gatos   y   no   sabéis   como  cazaban  a los  ratones. Era   una obra de  arte.   En   casa    no he  visto  ratones  nunca  donde   tenían   todo  almacenado   de  ultramarinos.   

Yo les tenia   manía, bueno, se   la   tengo.Cuando  me daban una  propina   por  algo,  que   era   una   peseta   de papel  yo lo  metía   en  algún  hueco  de las piedras de la    cambara,   y un   día   fui a  cogerlas   y no tenía   nada , algunos restos  de de   lo   que    fueron   pesetas  hab´ñian dejado los ratones. Ahora   se  lo   lleva   Hacienda.

Mi   madre    tenía   declarada  la guerra  a los  gatos. Cuando   estaba   haciendo  la  comida  en cualquier   descuido  le quitaban  algo.  Me   acuerdo   un   día   que estábamos  por   allí nosotros   y estaba para  freír  una pescadilla , bueno, pues   en  un  momento  la  cogió  un gato  y salió  corriendo. Ella  de   inmediato   cogió lo que  estaba  más  cerca   y  fue el  fuelle  de  soplar  y le  estampó  contra  la pared,   y    claro el tal   fuelle   pereció , pero el gato no la  soltó . Yo   salí   corriendo y   le alcancé   por el    sobrado    y    la soltó.  El  cabreo   que  cogió  mi madre, fue  de   órdago.

En    mi   casa   tenían   que   ingeniárselas  los  gatos  para  comer , porque como decía     el   Tío   Ambrosio   de  sus perros  , que   él  los  calzaba  y  los    vestía   y   la manutención iba por su cuenta..


XV.            El Racionamiento y el Pan

Cuando empezó   la  guerra. Pusieron  el   racionamiento   y estaba  todo   requisado,  los productos del   campo,    el  aceite,    el  trigo, para  darle  una  ración   mínima a cada uno. En   nuestro  pueblo  no teníamos  el  pan  racionado. O sea     que   no   teníamos que   ir   al   panadero  a por  una   ración,  nos lo hacíamos nosotros.

Casi no  me  acuerdo   cuando   nos decían   que  teníamos  que  entregar   el  trigo  a  Abastos  y nos  dejaban  con lo justo , Claro había que   ingeniárselas. Guardar   algunos   sacos    entre   la paja    o   en sitios   distintos   para   que   no   nos lo cogieran,  porque  encima  echaban   multa.

El segundo problema era que    teníamos   que   moler   el  trigo  para  comer.   Recuerdo     ir   con un   macho   o  un  burro  con  mi hermano   Isaac, a   las   tres   o   cuatro   de   la   mañana   al   molino   de   Tanarro    o   al de Giriego    , y   cuando   regresábamos    íbamos  muertos   de miedo.  Cualquier bulto nos parecía que era la Guardia Civil  


En   nuestros   pueblos    casi todos   tenían  un  horno. y se  asociaban  cuatro   o cinco   familias.   Cocían   unos   y    repartían  el  pan  con arreglo a   la  familia  que   tenían   .Cuando  se  les  iba  terminado   le  decían al  otro:  hoy   te  toca  a  ti  cocer  el  pan  , y   a  seguir el   mismo   ritmo.  Esto    estaba   muy   bien    aunque   había    algún desacuerdo porque   no todos lo hacían igual de bien.

Con   este    acuerdo  se  conseguía     dos  cosas   ,la primera  es  comer  el  pan reciente porque   si  era para uno solo se  le quedaba  duro. Y   la otra muy importante es que así  también se   ahorraba leña, que  era muy escasa.

Se      cocían     hogazas.  Para    llegar   a   esto   tenían   que moler   el  trigo  como  he  dicho  antes. Después   en   cada    casa   teníamos     una   artesa  que  era  la   “gamella”   de   la   matanza.  Un tronco    grueso   de un  árbol  vaciado. Todo de  una   pieza. Cuando   todo   estaba  listo    poníamos   unas   varas   encima. Y  dos   cedazos   con    harina  ,que  eran  una  especie  de  criba  con   unos  agujeros muy  finos    y    a  moverlos  de un  lado  a  otro  para que  saliera  la  harina. Y   quedaba   el   salvado  que   era la  cascara    del  trigo     Normalmente el salvado se   le  echaba  a los cerdos. Luego    echaban   levadura. Para   hacer   el  pan  tenían  que   hacer  una  masa con   agua   sal    y   harina  y  el  amasarlo  daba  un trabajo enorme .


XVI.          La Costura

Se   juntaban,   a  coser   algunas  mujeres  al  abrigo  del  cierzo    por la tarde    en   el  rincón   de mi casa. Allí   se   estaba    muy  bien. Y   no    tenían   otro   entretenimiento, No    había  radio  y menos  televisión  Y   comentaban   las   últimas   novedades   del   pueblo.

Como he dicho antes, durante la guerra, en nuestros  pueblos  no se  pasó  hambre. Pero  tenían  un  problema,   que  como estaba  bloqueado  toda Cataluña que era   de  donde  venían  las  telas, no  tenían manera  de  comprar  nada de ropa, Entonces las mujeres del pueblo sin saber de modistas, eran capaces de hacer alguna prenda de ropa. El   abrigo   que   una   tenia, por ejemplo  era   rojo,  los   deshacían, Lo     teñían    en   azul   marino   y   lo    volvían  a  montar .del   revés    y   así   parecía    más   nuevo.

Mi   madre   para   cambiarnos   de   ropa,  compró alguna vez   en Sepúlveda     a los   señores   más   ricos   de   allí.  Pues   no   sé,  algún   traje   de   segunda   mano  y   nos   hacia   algún   pantalón   corto,   como   llevábamos   los  niños. y así. Bueno   a lo   que   voy   es    como   se  las  ingeniaban y    lo     valientes   que  eran  , que  sin  saber,     salían   adelante.  

XVII.        El Lavado                                  

Siempre   he    admirado  a  la gente   como  mi madre  y tantas  en  los  pueblos   que con tanta   familia  tenía que ir  al  río  a lavar . En  esos  tiempos  bajaba más  agua  que ahora , normalmente  iban  por la zona  del  huerto  del  tío Pedro. Y me decía   mi padre,    anda ayuda  a  tu  madre  a  llevar  la ropa  ,llegábamos  allí y  tenía    que romper   el  hielo . Fijaos  como  se la quedaban  las   manos, se las   metía   entre   el   pelo   para    calentarlas.


Algunas  veces , cuando  juntaban mas  ropa, se  iban  a  la fuente  de La  Salud    de  Sepúlveda  que salía  más caliente    

Cuando  el  tiempo era   de   sol. Después   de   lavarlo   en el rio   la tendían  allí  en  las praderas   al  sol,   con  piedras  encima  para que no   se   volara   ,decían  que  era  para  que cogiera  blancura  con el sol   . Había    que   ir   de  vez  en  cuando  a    regar la ropa.


XVIII.            La Matanza
                            
Otro   tanto   les   pasaba   cuando   hacían   la   matanza. Que tenían   que   lavar   las   tripas   del   cerdo en el rio  para   luego   llenarlas  de  chorizo .Para    hacer   artesanalmente   la    botagueña  y  los   chorizos  ,  cortaban     en  trozos   el    magro   del   cerdo    y  metían  en a  máquina   pequeña  de hierro. Que   tenía   en la   parte   de   arriba    como  una  especie   de   tolva  pequeña  Y   a   un     lado  una  manivela   la  daban   vueltas.   y  por  dentro  unas  cuchillas   Y   así   se   hacia  el  picadillo  .  Lo   hacían   igual    para   la   botagueña . Este producto   era   más   inferior   porque   en    vez   todo   de   magro,     iba mezclado   con    recortes    de   tocino   con   veta    y      vísceras.




Al   final,   de   este    aparato    salía    un   tubo  donde   se  metía  la   tripa   ya   lavadas   del   cerdo    y   a   rellenarlas. Todo   esto   también   llevaba   un   proceso   antes   de     meterlo   en  la  tripa. Cuando  ya  estaba  en picadillo    lo depositaban   en   una “gamella”   de madera
Y   las   echaban   pimentón      rojo     algo  de    sal   y     ajos y agua, y  ya  estaba  listo  para    embutirlo  .Y    constantemente   dándoles   vueltas   . Eran   ya  expertas   la gente de   los    pueblos. El   que    tenía    para   merendar    un   trozo   de   chorizo    o   botagueña    era un      privilegiado.

Las   morcillas  las  hacen   distintas   en  cada  región  de  España. En   nuestros   pueblos  ,cuando  mataban el  cerdo  , cocían  la  sangre, luego   picaban    cebollas, Cuando    me he metido   a   picar   las   cebollas , tenían  un  artilugio  para picarlas  como  un      cuchillo   en   forma   de  media luna   con dos   mangos    .a  los  extremos . Pero  era  un  rollo  porque  te lloraban los  ojos. Cocían      arroz ,   lo  mezclaban  lo metían  en  tripas  de  cerdo   .después Lo   colgaban   para   que   se secara    . Y   frito   estaban     buenísimas.

En la matanza  nos juntábamos   con mis primos  o sea “los Panaderos”. Nosotros éramos    más  pequeños   que ellos,  aunque alguno coincidía de edad. Lo   pasábamos  bien,   después  de  cenar    cantando, y cuando mataban el  cerdo,    nos  comíamos  el  rabo  y  algún trozo  de  magro que   llaman  allí   “somarro“  .Como tenían muchas  ascuas lo asábamos. O   nos   lo   asaban.


Pero matar el  cerdo   no era  tan  fácil.  Más bien    eran   los   “Porrillos  “lo que lo  hacían. Un   día  se   puso   a  matar  al  cerdo  mi primo José, y  dando  cuchilladas y nada, que  no  se  moría  y  dando  chillidos. Al final  se  calló   y en  eso, le   van  a  chamuscar  que  es  para  quemarle  los  pelos , y  se  conoce que estaría   sin conocimiento  y    al sentir  el fuego el pobre animal  salió   corriendo.


XIX.              La Guerra
                   
Los primeros recuerdos del pueblo fue cuando la guerra. Yo era muy pequeño y no recuerdo mucho. Esta   zona   lo  cogieron  los nacionales y no   hubo  nada ,  decían  que   iban  allí a descansar   ,y comían muy    bien,   con    pan   blanco .Y   a  veces  repartían  algo de rancho  al pueblo.

Me  acuerdo  de  ver  a los soldados haciendo    la  instrucción en   la   pradera del pueblo   . Los mandaba uno de  Sepúlveda   que era  cojo. Le   he visto    después.

Un   día    le    dijimos   a   Fausto   que   iba  con el uniforme  de militar  y el fusil que   cómo   se    tiraba   un tiro,  y  él no quería .porque  lo tenían  prohibido. Tanto   insistimos    que   bajamos   con   él   hasta   el   potro   de   donde   herraban los   animales.  Bueno,   un poco más   abajo. Y tiró un tiro   en dirección   al Espinar.
           
Teníamos   que   aguantar   mucho  en la taberna  porque   se    ponían   muy pesados, cuando    se pasaban   con   la   bebida    , les    encantaba    el   vino de   la   Ribera   del   Duero. Recuerdo    verles   , no   sé  si cuando  terminó la   guerra   o    durante, cantando   vestidos de militares a Vicente,  Fausto, Antonio   creo que   a Moisés,   el Tío  Isidro, de juerga  en mi casa. y cantando eso   de    “Apaga   Luz  Mari Luz  “ y el candil  apagado.

Mi   padre   tenía   mucha   paciencia   y creo que  en  esas   circunstancias -  estaban en la   guerra    y   eran   sus   sobrinos -   pues   todo   valía.

Recuerdo   cuando    el   pueblo    les   despedía, para  marcharse  a la  guerra. Que  fueron  hasta   las  Olaguillas , y  la  Tía  Pilar  llorando abrazada  al  Tío   Isidro. Lo  que  no se es  si  se  iban  ese  día   los   demás.  Los hombres    tuvieron   mala   suerte.    Se   quedaron allí   Vitorio   y Nicomedes. Eran   momentos     de    tristeza   y   de    pánico .

Siendo yo   muy     pequeño, un día  estaban   las  vacas  descansando en la   cerca     junto a la fragua.  Y   se  presentaron  unos   soldados    con  un  camión, y fueron  donde  estaban las     vacas,  y   escogieron   lo  mejor   para    el  ejército,     que  fue   una   ternera. Entonces   lo  requisaban  todo   . Pagaban    muy  poco   y    callar.  Resulta    que   esa    ternera   era   del   Tío  Ambrosio, y  se presentó   su mujer,   la   Tía   María   y   con   mucho   coraje   se   enfrento  a  ellos y   les    dijo  que  tenían  que  matarla  a  ella  antes  de  llevarse   la ternera. Y  al final se  salió  con  la  suya.. 

En uno de los viajes a por vino,   seguro   que  estaríamos  en los últimos   días   de  la guerra   pero  se me quedó grabado  ,y  es  que  por   la  zona  de  Fresno  de  la  Fuente, cuando   regresábamos   con   la   carga   nos    encontramos   con  una caravana   de   camiones   del ejercito  que  se  dirigían  a  Madrid . Pues lo   mismo  iban cien camiones que pasaron al lado del carro. 

En   el   pueblo   no tenía   radio  nadie, sólo   el   Tío    Pedro    Algunas veces nos la dejaba oír   y   alguna  fiesta  que radiaban   los  sábados. De   música. En   esa   radio    se     oía   el  “Parte”    como  ahora  el telediario.  Y   un   día   por   fin    se    oyó    el parte diciendo que la guerra había terminado.

Ese   día    fue   para    muchos   una   gran   fiesta   .Recuerdo    en   nuestro pueblo   tocando las    campanas   y   bailando  y abrazándose la gente    Y   como   siempre   pasa,   todos  no tenían motivos  para  celebrarlo, unos por   una   cosa   y   otros   por     otra. "


11 comentarios:

  1. Gracias a Santos por aportar sus vivencias de la infancia en este pueblo tan mágico.

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  2. Cuanto más lo leo más me gusta

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  3. Impresionante relato de otros tiempos, bocados de realidad desde la mirada de un niño. Gracias por compartir Santos !

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  4. Padre, gracias por escribir sobre estos recuerdos tan cercanos para nosotros. Son parte de la historia de este pueblo y de sus gentes. Gracias por regalarnos un trozo de tu vida y que así qe no se pierdan en el olvido. Sigue así

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  5. Muchas gracias por compartir tus recuerdos santos!!! Es increíble lo que ha cambiado todo en relativamente poco tiempo.

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    1. Este antiguo tipo de vida, casi invariable durante siglos, desapareció bruscamente en unos 15 años, entre 1.955 y 1975. El pueblo se despobló por la emigración y la mecanización acabó con las viejas costumbres y aquel duro trabajo. Pero supongo que algo de aquello permanece en el espíritu de la gente.

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  6. Muy interesantes estas experiencias del pasado. Parece mentira.Gracias por compartirlo con todos.

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  7. Enhorabuena Santos seguro a todos tus sobrinos y familia les ha gustado leer todas esas vivencias...a mi me ha gustado mucho.

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  8. La constatación obvia de que nuestros padres y abuelos vivían de una manera más simple, más sostenible y más sensata que nosotros no debe sin embargo llevarnos a un cierto simplismo de naturaleza moralizante. Puesto que muchas veces, basándose en esa mayor austeridad de antaño, se pretende colegir una cierta superioridad moral de los valores de aquella época, y ahí radica el error esencial. Porque lo que es erróneo en nuestro sistema basado en el consumo y el despilfarro ya era erróneo en la época de nuestros predecesores, por la simple razón de que este sistema que ahora nos lleva al desastre es el mismo sistema de entonces. Exactamente el mismo. La única diferencia entre entonces y ahora es que nos encontramos en un punto diferente de su curva de evolución.
    http://crashoil.blogspot.com.es/2013/08/crisis-de-nuestros-padres.html

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  9. En el relato, entre los años 1.930 y 1.940 el sistema económico en España es completamente distinto al actual. Y no es hasta los acuerdos con USA a principios de los años 50 con la salida de la autarquía cuando quizás podría considerarse el comienzo de la evolución hacia el sistema moderno.Por lo tanto no es cierto que ahora estemos en la misma curva de evolución económica que esa época.
    Sobre la superioridad de valores humanos(considerando como tales el esfuerzo, el respeto o la solidaridad) es evidente que es así, y debido al tipo de agrupación aldeana, a la extrema escasez de recursos y al riguroso trabajo. La pequeña propiedad familiar fomenta igualmente a la familia como unidad básica. Una sociedad diferente.
    Ellos no eligieron esa vida, Se adaptaron. De haber podido habrían derrochado como ahora. Es la naturaleza humana. Hay que reconocerles no obstante el gran valor de aprovechar el cambio de la economía española que se dio después, pero nuevamente a base de mucho esfuerzo y privaciones.
    Simplismo moralizante? Eso es un sentimiento subjetivo. La leccion a extraer de esto es asunto de cada uno. No se necesitan consignas de nadie.

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  10. Desde mi punto de vista estamos en un momento de grandes cambios que nos llevaran un nuevo sistema productivo un proceso que durará varias décadas. El nuevo modelo será un mezcla entre la vida de nuestros abuelos y la sociedad del conocimiento basada en las redes y la tecnología. Es una necesidad poder documentar todo lo que podamos sobre esos tiempos no tan lejanos, de los cuales podemos aprender muchas cosas, entre otras, algunas tan valiosas, como la capacidad de aquellos hombres de vivir con lo que les daban los elementos de la naturaleza.

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